COLONIZACIÓN Y CAÍDA DEL SUJETO

Los fascistas del futuro  no van a tener aquel estereotipo de Hitler y de Mussolini.

No van a tener aquel gesto duro militar. Van a ser hombres hablando de

todo aquello que la mayoría quiere oír.

Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética.

En esa hora va a surgir el nuevo demonio,

y tan pocos van a percibir que la historia se está repitiendo”.

Falsa cita de José Saramago

Ya no podemos seguir echándole la culpa al neoliberalismo si el sujeto quiere ser sujetado.

CONTROLAR LA SUBJETIVIDAD A TRAVÉS DE LA SUTIL COLONIZACIÓN DEL SUJETO.

DISCIPLINAR AL SUJETO

Ya no podemos seguir echándole la culpa al neoliberalismo si el sujeto quiere ser sujetado.

Algo está funcionando mal.

En Ecuador votan a un banquero. En la región española de Madrid a una ultraderechista amiga los fascismos franquistas.

Prácticamente el mundo, en elecciones libres y democráticas, se ha volcado a la derecha.

¿Qué pasa con los partidos de corte popular y de centroizquierda?

¿Cuán grave ha sido su desempeño político para originar una anomia de tal magnitud que hoy en día, los ciudadanos prefieren votar a sus propios verdugos antes que a un gobierno progresista?

Vivimos la terrible paradoja de que pese a que se viene demostrando desde hace cuarenta años que el neoliberalismo no es compatible con la democracia, aún en plena pandemia, continúa accediendo al poder a través del voto popular.

Esta anomalía de la historia tiene algunos rasgos causales propios de los tiempos que corren: el consumo, el machismo y la angustia que provoca la inseguridad (delincuencia, covid, pobreza, etc.), pero no suficientes.

La verdadera causa de esta cancelación de la lógica es la apropiación del discurso por parte de la derecha a través de una construcción biopolítica basada en el disciplinamiento social, un moderno dispositivo de colonización de la subjetividad cuyo objetivo sería la producción de un hombre acrítico e ignorante.

A esta operación, en la que los medios de comunicación corporativos desempeñan un papel crucial, la denominamos colonización y sus principales consecuencias son la caída del sujeto y el desarrollo de una cultura que reproduce los intereses de las clases dominantes.

A la vez que seducen y fascinan, los medios de comunicación construyen una civilización caracterizada por la obediencia, el sometimiento, el individualismo y la identificación homogeneizante.

La uniformidad que promocionan los medios poco tiene que ver con el principio de igualdad democrática: más bien, implica una simetría de consumidores o usuarios de redes sociales pasivos, que poseen cierta ilusión de libertad de elección.

En consecuencia, la idea de independencia que ostentan los medios masivos se encuentra también disociada del principio de libertad, eslogan repetido hasta el hastío en las democracias modernas occidentales.

SUJETO A LA IDEOLOGÍA DOMINANTE

Sólo son técnicas de venta que dejan fuera de juego al sujeto y a su emancipación intelectual, reemplazándolo por la sugestión y el acotamiento de la distancia crítica.

Hoy, con un planeta violentado por trecientos años de capitalismo salvaje y por el flagelo del Covid, la influencia ideológica- cultural de que no existe nada más allá del modelo de democracia de mercado se pretende totalmente válida.

Por tal motivo, es de esperar que la actual ideología dominante, centrada en un individualismo cada vez más acrecentado, poco pueda ayudar a que los laboratorios que fabrican las vacunas contra el Covid, en un ataque de sensibilidad humanitaria, liberen sus patentes.

Las nuevas generaciones, criadas en ese caldo de cultivo cultural, bombardeadas de continuo con las nuevas tecnologías que fomentan la salida personal por sobre todas las cosas, serán las víctimas silenciosas de esta pereza moral.

En modo alguno se puede decir que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero no caben dudas que el momento actual abre interrogantes preocupantes sobre la posibilidad de cambios sociales.

En ese sentido, el llamado neoliberalismo, más que una fórmula económica, parece un programa civilizatorio cuyas contradicciones tiene resultados  negativos en las nuevas relaciones entre el capital y el trabajo.

De ahí el interés de muchos líderes políticos a dejar de lado ciertos prejuicios sobre la heterodoxia en la aplicación de medidas coyunturales y buscar alternativas al modelo dominante.

Parecería que, gracias al Covid, los gobernantes de los países centrales se estarían dando cuenta al fin de que algo no funciona cuando se deja absolutamente en manos del Mercado las decisiones que corresponderían a un Estado presente.

Y en ese lapsus humanitario,  serán las reformas políticas -demonizadas por el neoliberalismo- que un viejo estadista sudaca aplicó en 1947 en un ignoto país de américa del sur, la única esperanza de que el sujeto no se extinga definitivamente de la faz de la tierra.

Alejandro Lamaisón

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