CUANDO LA CRISIS ABRE HORIZONTES

Podría pensarse que el Frente de Todos sufre una crisis de representatividad, pero eso queda inmediatamente descartado dado que el peronismo es de derecha y de izquierda, es pragmático e ideológico, es revolucionario y conservador, pero principalmente en un sentimiento hecho realidad en un partido político.

A PESAR DE LAS HELADERAS VACÍAS EL ELECTORADO UTILIZÓ EL VOTO ESTRATÉGICO PARA ALERTAR AL GOBIERNO

LA CRISIS INEVITABLE

Podría pensarse que el Frente de Todos sufre una crisis de representatividad, pero eso queda inmediatamente descartado dado que el peronismo es de derecha y de izquierda, es pragmático e ideológico, es revolucionario y conservador, pero principalmente en un sentimiento hecho realidad en un partido político.

Que ahora sea una alianza la que represente al partido peronista no debería afectar la gobernabilidad bajo ningún punto de vista, máxime si todos sus cuadros directivos coinciden en que el neoliberalismo, el law fare, la timba financiera y el endeudamiento para la fuga no puede volver nunca más a la Argentina.

El problema es que a la gente común, al pueblo, eso le importa un pito cuando los precios aumentan todos los días, cuando los salarios son detonados por la inflación y cuando el terrorismo mediático les muestra un festejo de cumpleaños por parte del presidente mientras muchos lloran las secuelas de la pandemia.

Si bien los oficialismos pierden las elecciones en todo el mundo como consecuencia del desastre epidemiológico, el hecho de pegarse tiros en los pies es exclusiva responsabilidad del presidente, o a lo sumo de quienes tienen la función de asesorarlo.

En este sentido, Cristina apuntó con inusitada dureza al ex vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, al señalar que «no voy a seguir tolerando las operaciones de prensa que desde el propio entorno presidencial a través de su vocero se hacen sobre mí y sobre nuestro espacio político».

ERRORES AUTOINFLINGIDOS

La crisis que transita el Frente de Todos no sólo es atribuible a las diferencias entre sus líderes ni al descalabro económico y social alimentado por el poder mediático y su deseo golpista expresado en la sonrisa socarrona de sus periodistas mercenarios al final del escrutinio.

La falta de energía y de fuerza que muestra Alberto Fernández en algunos temas fundamentales que él mismo había planteado revertir y que no se realizaron ha influido en gran manera en la opinión del electorado.

Es cierto que uno de los méritos del presidente es haber evitado conflictos gratuitos desde sus comienzos como jefe de gabinete de Néstor Kirchner, pero mucha agua a pasado debajo del puente y hoy, ante la avanzada del establishment, la oposición y el poder mediático es inevitable optar entre “conflicto y solución” y “no conflicto y no solución”.

Cabe recordar que el peronismo fue siempre un movimiento cuyos conflictos dieron el impulso a la sociedad argentina para luchar siempre a favor de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.  

En la dialéctica peronista siempre está la esencia del conflicto ya que siempre fue el gran dinamizador del cambio en la sociedad argentina,  incluso cuando no tuvo éxito, pues los poderes concentrados siempre se encargaron de evitar su síntesis superadora.

Pero Alberto Fernández no es Perón, ni Eva, ni Néstor ni Cristina. Es una excelente persona, un gran demócrata que a pesar de su impecable campaña sanitaria y su honradez intelectual, aparece ante el electorado como alguien que ha perdido el vigor.  

El insinuar la expropiación de Vicentin e inmediatamente retroceder en chancletas, la postergación de la reforma judicial, los amparos del patrón de Rosenkrantz para evitar que Internet sea un servicio público, la posible estatización de la Hidrovía desperdiciada, la reforma impositiva y muchas reformas más son promesas vacuas que la gente no puede olvidar.

Aun así, el pueblo actuó con una inteligencia pocas veces vista en lo que respecta al voto estratégico.

Según Horacio Vertvitzky “el electorado fue generoso con el gobierno. Se quedó en su casa mirando la heladera vacía, pero no fue a votar por quienes se la saquearon durante el gobierno anterior. El Frente de Todos perdió seis millones de votos respecto de las presidenciales de 2019 (6,9 millones ahora, 12,9 entonces), pero a la oposición también se le quedaron en el camino casi dos millones (de 10,8 millones en 2019, a 8,9 millones ahora)”.

UNA CRISIS SUPERADORA

Podríamos asegurar que es este el momento de reconocer que cuando se produce una crisis tan inesperada luego de una elección, es porque hay elementos externos que estarían infiltrándose en las líneas del movimiento.

Aun así, siempre existe la esperanza de revertir la situación si asumimos que Alberto Fernández, tiene aún todo el apoyo de los gobernadores, de los gremios, de los intendentes de cada localidad en donde gobierna el peronismo y del núcleo duro que obedece al mandato de su líder irreemplazable: Cristina.

Si se logra mejorar la campaña a la manera en que lo hizo Macri en 2019, cuando salió a recorrer todo el país con entusiasmo proselitista levantando en dos semanas del 33 por ciento al 40 y si el manejo de la pandemia permite recuperar la calle, territorio histórico del peronismo, hay muchas posibilidades de triunfar.

Es deseable que las cosas sucedan de esa manera, pues de lo contrario si estábamos a siete diputados de ser Venezuela, ahora estamos a siete diputados de perder definitivamente la indemnización por despido.

Alejandro Lamaisón

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