DE LO CONTRAFÁCTICO A LA REALIDAD

No hace falta hacer ningún ejercicio contrafáctico para saber con certeza que de no existir la pandemia al presidente Alberto Fernández se le hubiese allanado mucho más el camino para restaurar el desastre heredado del gobierno anterior 

HACIENDO UN EJERCICIO CONTRAFÁCTICO, SI GOBERNARA LA DERECHA NO SÓLO SE CERRARÍAN LAS CABEZAS, SINO TAMBIÉN LAS URNAS

DISTANCIA CRÍTICA

No hace falta hacer ningún ejercicio contrafáctico para saber con certeza que de no existir la pandemia al presidente Alberto Fernández se le hubiese allanado mucho más el camino para restaurar el desastre heredado del gobierno anterior. 

Tal es así que, la gran mayoría de las figuras políticas de todo el mundo han sufrido cierto deterioro en su imagen pública, aunque, ciertamente todo depende del contexto socioeconómico de cada país o región.

En estos momentos, Cristina misma reconoce que ella conserva solamente el 25 por ciento del poder, es decir que el kirchnerismo debe consensuar con las tres cuartas partes del Frente de Todos en el momento de tomar cualquier decisión como partido político gobernante.

En medio de esta dialéctica partidaria, es el presidente Alberto Fernández quien tiene que lidiar con la responsabilidad de priorizar la vida por sobre todas las demás cuestiones de Estado, al menos hasta que el virus, vacuna de por medio, afloje un poco.

Y es indudablemente contrafáctico pero absolutamente válido pensar cómo estaríamos respecto al Covid de haber ganado el macrismo.

Es muy difícil conducir un país cuando cualquier ley, ya sea sancionada por el Congreso o emitida mediante un DNU, automáticamente es declarada inconstitucional por el principal partido de la oposición: la Corte Suprema de Justicia, que a su vez actúa bajo las órdenes directas de Juntos por el Cambio y del multimedio Clarín.

De hecho, al prófugo Pepín Simón, principal operador de Macri, se le detectaron más de 27 llamadas al presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, en los momentos cruciales del gobierno del Pro.

Asimismo, aprovechándose inescrupulosamente de la virulencia de la pandemia, la calle, otrora territorio histórico del peronismo, ha sido cooptada por la derecha reaccionaria al mando de Patricia Bullrich, a sabiendas de que el 48 por ciento de los argentinos que votó al Frente de Todos respetará, por razones humanitarias, el aislamiento social.

La verdadera lucha está en la capacidad de la sociedad civil para tomar distancia crítica y analizar el cumulo de posibilidades que detenta un gobierno que es criticado por una prensa sanguinaria, tanto por lo bueno, lo malo o lo regular que realice a toda hora y en todo lugar.

DE LO CONTRAFÁCTICO A LA REALIDAD

Retornando al universo contrafáctico, si imaginamos lo que hubiese sucedido si Macri estuviera a cargo de la adquisición de vacunas en vez de Alberto Fernández la figura es estremecedora, máxime teniendo en cuenta la similitud del ex presidente con Bolsonaro y Trump.

Incluso es esperable que, en el negociado con los laboratorios, se terminaría pagando el doble del costo de las vacunas, seguramente comprometiendo nuestro patrimonio nacional.

Sumada a todas las vicisitudes del momento, una deuda externa violadora de los estatutos del FMI, ilegal, inmoral y cuyo fin ha sido exclusivamente la fuga de divisas mantiene encorsetado cualquier decisión del gobierno que implique un cambio estructural en lo político, social y económico, limitándose exclusivamente a tomar medidas paliativas para enfrentar la crisis planetaria.

En este sentido, resulta imperioso que el equipo económico resuelva cuanto antes el problema de la inflación, no sólo porque lo necesitamos todos los argentinos, sino porque hay una sociedad cansada y deprimida por la falta de respuestas a las expectativas puestas en un gobierno de corte popular y peronista.

Con las elecciones de medio término pisándonos los talones y aprovechando la experiencia de otras épocas hiperinflacionarias, debemos saber al dedillo que el pueblo votante tiene la tendencia natural a castigar duramente al gobierno de turno cuando sus expectativas se difuminan, aunque sea por acción u omisión del establishment.

Y el peligro está en que, ese estado de alienación, los argentinos votemos a nuestros propios verdugos, a la suma de todos los males, a los candidatos a legisladores del gobierno neoliberal más inescrupulosos de toda la historia argentina: La alianza política, jurídica y mediática llamada “Juntos por el Cambio”.

Alejandro Lamaisón

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