DECLARACIÓN DE LA DEPENDENCIA

La independencia formal y la dependencia real

LA CASITA DE TUCUMÁN EN RUINAS, SÍMBOLO DE UN SUEÑO DE INDEPENDENCIA QUE SE DETERIORA CON EL PASO DEL TIEMPO Y LA DESIDIA DE LOS GOBERNANTES.

EL DERRUMBE DE LA CASITA DE TUCUMÁN

¿Existe la dependencia o la independencia en un país si solo cuenta con una declaración histórica, una bandera, un himno y un límite establecido por convención que lo separa de otras naciones?

Evidentemente, solamente con esos elementos no alcanza para considerarse totalmente independiente, pero así comenzó la historia.

Sin lugar a dudas, la fecha más trascendental para los argentinos fue el 9 de julio de 1816, cuando en el Congreso de Tucumán las Provincias Unidas del Río de la Plata proclamaron la Independencia política y económica de la monarquía española y la renuncia a cualquier otra dominación extranjera.

Poco duraron los festejos, porque apenas ocho años después (el 1 de julio de 1824), la histórica declaración firmada en la bucólica casita colonial de la familia Bazán pasó a ser sólo una expresión de deseo patriótico, ajeno a la voracidad del imperio británico.

Nuestra proclamada independencia económica voló por los aires al contraer el primer empréstito patrio, ya que por aquel entonces, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, con la colaboración de su Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia, gestionó ante la Baring Brothers un préstamo por 1 millón de libras esterlinas.

Si bien se argumentó que sería utilizado para realizar obras portuarias y de urbanización, el dinero se destinó a financiar la guerra con Brasil (1825-1828). El monto recién fue saldado a principios del siglo XX cuando se devolvieron cerca de 4.800.000 libras esterlinas.

LA NUEVA MADRE PATRIA

Este sería el bochornoso comienzo de la historia del endeudamiento argentino y por ende, de nuestra declaración de la dependencia económica y financiera del imperio británico.

El golpe de estado perpetrado por el general Uriburu en1930, inauguró un período de trece años de entrega total de nuestra economía al imperio inglés al punto tal que directamente manejaban nuestra economía desde una oficina del Banco Central. Esta etapa, conocida como “década infame”, se caracterizó por el fraude electoral para garantizar el triunfo de los candidatos de la Concordancia y por la generalización de los casos de corrupción y la marcada sumisión de esos gobiernos a Londres.

Paradójicamente, los protagonistas de nuestra independencia, el Ejército Argentino, fueron quienes durante todo el siglo XX apoyaron a través de los golpes de estado el endeudamiento y la entrega de nuestra nación al capitalismo extranjero.

La prueba está en que luego de que el peronismo nacionalizara todos los servicios públicos, desarrollara una industria nacional altamente competitiva y desendeudara al país, las fuerzas armadas, a fuerza de bombas, represión y muerte, interrumpe el proceso de desarrollo más extraordinario de américa latina.

CAMBIO DE DUEÑO

Comienza aquí una nueva declaración de la dependencia, esta vez de los Estados Unidos de América a través del FMI.

En los 70,  Juan Domingo Cavallo, funcionario del Banco Central durante la última dictadura militar y ministro de economía de Menem y De la Rúa, comienza a tener un rol protagónico en materia de endeudamiento.

En 1982 participó de la operatoria que estatizó la deuda de las empresas privadas y seis años después intervino en la reestructuración de la deuda en default mediante la negociación del Plan Brady con el Secretario del Tesoro Estadounidense. Sus medidas económicas, entre las que se cuenta el plan de convertibilidad, significaron el aumento de la deuda externa que llegó  a USD 123 mil millones hacia 1999.

También estuvo implicado bajo la administración de Fernando de la Rúa en la operatoria conocida como “Megacanje”. Esta consistió en un canje de bonos que se tradujo en un aumento de 55 mil millones de dólares de la deuda externa.

Por último, el gobierno neoliberal del Macri declara la dependencia definitiva al adquirir el préstamo más colosal que jamás en la historia de la humanidad se había otorgado a ningún país, violando incluso los estatutos del propio FMI: 44.149 millones de dólares destinados a la fuga de capitales y a financiar la campaña del ex presidente con la anuencia del inefable Donald Trump.

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

“Nadie es la patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso”, escribió Borges, que a pesar de su debilidad por los hombres de armas y por los países nórdicos, amó y plasmó en sus poemas el insondable orgullo de ser argentino.

Por más abajo que nos hayan puesto quienes nos gobiernan, el respeto por nuestros próceres y nuestra devoción por la República Argentina nos enaltece y desafía la hipocresía de quienes escribieron la historia de acuerdo a sus intereses, apenas un triste relato del verdadero fervor patriótico que iluminó aquella idílica Casita de Tucumán.

Por este motivo, este 9 de julio coloquemos la bandera celeste y blanca en nuestras ventanas y festejemos con regocijo la única independencia que aún no nos han podido quitar: La independencia de pensar libremente y de acompañar ese legado inmenso que nos dejaron hombres de la talla de Güemes, Belgrano y San Martín, por siempre, de aquí a la eternidad.

Alejandro Lamaisón

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