EL CARTERO SÓLO LLAMA DOS VECES

ARGENTINA EN MANOS EXTRANGERAS

HIDROVÍA: LA RUTA PREFERIDA DE LOS PIRATAS MODERNOS. FOTO: RedUSERS

Muchas veces nos hemos preguntado por qué si Argentina nunca sufrió un ataque exterior de una potencia extranjera tiene su estructura productiva hecha añicos.

Sin una guerra devastadora nuestro país tiene las industrias, el polo naviero, ferroviario, aeronáutico, petrolero, flota mercante y fabricaciones militares totalmente destrozados.

La pobreza ascendió del 6 al 50 %, el desempleo del 3 al 14 % y el trabajo en blanco cayó del 95 al 43%.

Con estos datos surge la pregunta del millón: ¿Es posible revertir esta situación?

La respuesta es: SI.

El 30 de abril próximo vence la concesión de la Hidrovía S.A., empresa integrada por la firma EMEPA del radical Gabriel Romero y la multinacional belga Jan de Nul.

Dicha empresa, desde hace más de 25 años, realiza la operación, explotación y mantenimiento (dragado y balizamiento) de la vía de navegación de transporte comercial entre el kilómetro 584 del río Paraná y las zonas de aguas profundas naturales del Río de la Plata (Punta Indio).

Con la publicación del Decreto 949/20, el Gobierno optó por volver a concesionar las obras a empresas privadas nacionales e internacionales. Estas empresas serán, además de Jan de Nun, otra belga, Deme Group; las holandesas Royal Boskalis y Royal Van Oord y la china Shangai Dredging Company.

Si el presidente quiere realmente reactivar uno de los pilares de nuestra soberanía e independencia económica, entonces debe anular el decreto 949/20 y el contrato no debe renovarse.

A tal punto es importante recuperar la vía de navegación por la que sale el 85 % de las exportaciones de nuestro país que podría comparársele con la recuperación de las Malvinas.

Para terminar con esta nueva forma de piratería, la actitud que requiere el momento histórico es la creación de una empresa con el 51 % de capital estatal y el 49 % de las provincias cuyos puertos están a la vera del río. Nadie más ni nada más.

Si alguien dice que no hay presupuesto para tal emprendimiento, es mentira.

Según un estudio técnico realizado en asambleas públicas por las universidades nacionales, los sectores productivos, gremios y expertos navales, con el ahorro que implica evitar el contrabando de más de 30.000 millones de dólares al año que se fuga por la Hidrovía, se puede administrar eficientemente todo el complejo de puertos, dragado y balizamiento.

También alcanzaría para construir una flota mercante nacional y apuntalar el polo ferroviario hacia los puertos.

Esta actitud heroica será criticada por la mayoría de los poderes concentrados, ya que el 90 % de estos puertos están en manos privadas y de multinacionales, todas con el dudoso control de su propia policía privada y la presión que ejercen sus respectivas embajadas, principalmente la de Estados Unidos (Wikileaks).

Sin ir más lejos, la minera La Lumbrera, que se lleva a través del contrabando de minerales 8.200 millones de dólares al año, tiene a Black Rock como uno de sus accionistas. Con ese dinero nos hace préstamos para que luego encima le paguemos intereses leoninos.

Las presiones sobre el presidente se hacen notar ya que los medios hegemónicos estimulan la desinformación y el intento de sacar de agenda el tema es escalofriante.

Por otro lado, las explicaciones del ministro de transporte Mario Meoni son dubitativas y erráticas.

Meoni asegura que, una vez licitada la Hidrovía, “se creará un organismo público federal de control que impida continuar con el drenaje de productos y de divisas por la que se fuga nuestra riqueza nacional”.

También confirmó que «se dará prioridad» a las obras para la continuación del Canal Magdalena.

Lamentablemente esta película ya la vimos durante veinticinco años y el final no es feliz.

Quizá sea esta la segunda y última oportunidad histórica que tiene Alberto Fernández de responder al llamado de quienes lo votamos y así lograr definitivamente la soberanía alimentaria y económica.

Uno fue Vicentin y no pudo o no quiso oírlo.

El segundo es la Hidrovía.

Y según la película, el cartero sólo llama dos veces.

Alejandro Lamaisón

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