Las consecuencias económicas, políticas y sociales del último golpe cívico-militar que vivió nuestro país, siguen formando parte de la realidad cotidiana.

LOS INTEGRANTES DE LA JUNTA MILITAR FUERON JUZGADOS Y CASTIGADOS, PERO LOS OBJETIVOS ECONÓMICOS E IDEOLÓGICOS DEL GENOCIDIO (IMPONER EL NEOLIBERALISMO) GOZAN ACTUALMENTE DE ABSOLUTA IMPUNIDAD.

OLVIDAR “DE GOLPE”

Las consecuencias económicas, políticas y sociales del último golpe cívico-militar que vivió nuestro país, siguen formando parte de la realidad cotidiana.

El juicio y castigo a los responsables del proceso genocida sirvió para apaciguar el dolor de abuelas y madres y para enmendar las aberraciones cometidas por el terrorismo de Estado, pero los objetivos económicos, ideológicos y culturales de dichas políticas criminales gozan actualmente de absoluta impunidad.

¿Cómo pudo el neoliberalismo en Argentina, después del exterminio de miles de jóvenes que se oponían a una política económica inhumana, resurgir tres veces más de manera democrática y con posibilidades de regresar por cuarta vez?

El neoliberalismo, teoría económica del Proceso de Reorganización Nacional, nunca ha sido juzgado y hoy en día, con mayor intensidad que antes, se despliega en el seno de las derechas liberales y en el inusitado avance mundial de las ultraderechas nazi- fascistas.

Esta imposición de un modelo monetarista de libremercado que en la década del setenta se aplicaba a sangre y fuego, hoy se ha adaptado a las democracias de nuevo siglo apelando al marketing y al uso de las nuevas tecnologías.

Algunos intelectuales atribuyen esta tendencia autodestructiva de la sociedad al fracaso de los populismos y a la decadencia de las izquierdas tradicionales, pero aún si así fuese ¿Cómo se explica que se vote en contra de las propias necesidades, de los propios intereses o de sí mismo como si se tratara de un suicidio en masa?

E aquí la sutileza de la nueva fase del capitalismo, creador de nuevos valores acordes a sus propios intereses, en el que el hedonismo y la despolitización forman parte de su estrategia para colonizar la subjetividad del ciudadano.

¿Qué sucede con la democracia cuando el libremercado concentra no solo el poder económico sino también el político y simbólico? ¿Qué sucede cuando de nada sirve la experiencia ante la evidente incompatibilidad y la creciente tensión entre el neoliberalismo y la democracia?

Se atrofia la memoria.

En consecuencia todo lo que guarda la experiencia colectiva y también la individual sobre los fracasos de los gobiernos liberales paradójicamente quedan diluidas antes tantas preguntas veladas por la sociedad de la información y de la tecnología digital.

UN GOLPE AL NUNCA MÁS

Hoy, a 46 años del golpe, debemos recordar que no hubo un enfrentamiento entre terroristas-subversivos y militares-heroicos.

Los 30 mil que hoy homenajeamos fueron desaparecidos para imponer un modelo de exclusión y hambre; la dictadura fue un brazo ejecutor del plan continental de concentración del capital, a costa de la depredación de los recursos de nuestro país.

La deuda que nos dejaron las políticas neoliberales, desde el terrorismo de estado hasta la alianza Cambiemos no es solamente económica.

La verdadera deuda es de naturaleza moral, dado que la ecuación cuantificante de justicia y equidad, jamás será saldada mientras el “Nunca Más” iniciado durante el gobierno de Raúl Alfonsín quede inconcluso.

La astucia inminente del capitalismo de shock para reinventarse constantemente, escamoteando el juicio de la memoria colectiva, nos ha llevado a que un gobierno disfrazado de peronismo (Menem), otro radical (De la Rúa) y finalmente uno liberal (Macri), todos fieles exponentes del neoliberalismo, fueran elegidos alegremente por la mayoría del pueblo argentino en elecciones libres.

En cada uno de ellos, el endeudamiento descontrolado nos sometió al arbitrio del capitalismo transnacional y a la movilidad social descendente.

Lograr un “Nunca Más” del sobrendeudamiento en nuestro país, requerirá no solo de la responsabilidad de los gobernantes, sino esencialmente de la sociedad en su conjunto, la que deberá ejercitar la memoria todos los 24 de marzo para impedir que en cada elección, gobiernos irresponsables hipotequen nuestro futuro como nación.

Alejandro Lamaisón

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