PERÓN Y EL IMPOSTADO ENCANTO DE ODIARLO

El 11 de noviembre de 1953, casi exactamente setenta años atrás, Perón hablaba en la Escuela de Guerra señalando las razones por la cual era necesario una integración política y económica en el Cono Sur: “La República Argentina sola, no tiene unidad económica; Brasil solo, no tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco tiene unidad económica; pero estos tres países unidos conforman quizá -en el momento actual- la unidad económica más extraordinaria del mundo”

EL ODIO A PERÓN COMO HERRAMIENTA DE CONTROL DE LA SUBJETIVIDAD

NI PERÓN LO IMAGINÓ

El 11 de noviembre de 1953, casi exactamente setenta años atrás, Perón hablaba en la Escuela de Guerra señalando las razones por la cual era necesario una integración política y económica en el Cono Sur: “La República Argentina sola, no tiene unidad económica; Brasil solo, no tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco tiene unidad económica; pero estos tres países unidos conforman quizá -en el momento actual- la unidad económica más extraordinaria del mundo”

 El documento, llamado ABC por las iniciales de los respectivos países se volvería famoso porque ahí pronunció la frase célebre “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados”, repetida como ironía hasta hace un tiempo y como profecía cumplida desde hace menos.

Nos encontró sometidos, pero no de la manera que el gran estadista hubiese imaginado, sino de un modo muchísimo más espantoso y alarmante por lo sutil de la estrategia: Conquistaron nuestra subjetividad, fabricaron nuestra realidad y manipularon las supuestas “elecciones libres” a partir de un totalitarismo comunicacional corporativo.

UN SUEÑO INTERRUMPIDO

El sueño de Perón logró una efímera realización cuando en 1991 se formó el Mercosur, en el que primaron tanto los aspectos económicos y comerciales, como la reducción de los impuestos y aranceles que se pagaba mutuamente por el comercio transfronterizo entre los países latinoamericanos. También hubo ciertos avances en la integración de los ciudadanos en educación, salud, cultura, trabajo y residencia.

Cabe aclarar que el Mercosur alcanzó su esplendor  en la primera década del siglo XXI, cuando los gobiernos de centroizquierda eran mayoría en América Latina y en Argentina gobernaba Néstor Kirchner.

Pero el poder concentrado del capitalismo transnacional hizo saltar por los aires todo intento de unidad regional y utilizando las artimañas que el propio sistema tiene escondido en los sótanos de la democracia se comenzó a perseguir a todos los presidentes progresistas del cono sur.

La estrategia de persecución y eliminación ya todos la conocemos, pues básicamente consistió en el uso de los medios concentrados y del law fare para desprestigiar o encarcelar a todos los líderes políticos que no acataron las políticas neoliberales impuestas por los centros de poder.

COLONIZACIÓN DEL SUJETO

El sometimiento al que hacía referencia Perón comprendía la dependencia política, económica y cultural de las grandes potencias, incluso vislumbraba la subordinación del pueblo a los designios del capitalismo concentrado, pero nunca se imaginó que dicha sumisión sería voluntaria y hasta deseada por la clase trabajadora.

El neoliberalismo ha creado una falsa conciencia de que existe alguna posibilidad de emancipación si eliminamos al Estado y le entregamos nuestra salud, nuestra educación y el esfuerzo de lo ganado a lo largo de nuestras vidas al mercado.

¿Cómo logra colonizar nuestra conciencia?

Accediendo al poder a través del voto de un ciudadano que ya no tiene libertad de elección, sino que cree que elige libremente mientras los medios monopólicos le indican a quién elegir.

El poder concentrado manipula el imaginario social, el sentido y las representaciones a través de un discurso único, sin debate, disuelto en un pensamiento monolítico cuyo objetivo es empoderarse a través del sentimiento más primitivo del ser humano: el odio.

CONTROLAR A TRAVÉS DEL ODIO

El odio une a una clase social que detesta la palabra Perón, que aborrece a quienes viven de un plan social, que reniega de quienes con sus demandas populares arruinan el paisaje de la ciudad,  desconociendo las diferencias, la pluralidad de voces, los desacuerdos, lo heterogéneo; en definitiva todos los elementos de la construcción populista.

El totalitarismo comunicacional del discurso del odio es efectivo en la manera que digita la opinión pública y la somete de manera inconsciente, creando una visión del mundo homogeneizada y basada en un supuesto consenso que evita  el conflicto político.

Según la psicoanalista Nora Merlín, «el rebaño homogeneizado se configura como una estructura fundada en la identificación, la sugestión, que se pretende garantía de pertenencia social,  cuando en realidad es un ordenamiento meramente imaginario».

Odiar al populismo y a Perón es una obligación de clase, de pertenencia al grupo “que lo logró con el mérito propio”, de apropiarse de los  términos república y democracia para contrarrestar el avance de las clases populares, considerándolos una amenaza para el sistema republicano y un avasallamiento al orden natural de las cosas.

Quizá el transitar una de las pandemias más ruinosas de la historia nos haga tomar conciencia de que la experiencia neoliberal, al igual que el Covid, sólo dejó destrucción y muerte en todos los países por donde pasó.

Y que de esta manera, la sociedad colonizada despierte de su prisión mental y pueda ejercer a través del voto su derecho a vivir en libertad, la verdadera libertad de pensar en sus propios intereses y no en el de sus velados manipuladores.

Alejandro Lamaisón

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