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Meritocracia y neoliberalismo

MERITOLANDIA: EL PARAÍSO NEOLIBERAL

La “ley motive” de la alianza Juntos por el Cambio,  del monopolio comunicacional  y de los ciudadanos que no quieren un gobierno nacional, popular y peronista ha sido en los últimos tiempos acumular y publicar todos los días pruebas contundentes de que la situación económica está empeorando.

A pesar del esfuerzo del actual gobierno para para lograr el delicado equilibrio  pandemia-economía-asistencia social, las críticas de la oposición son cada vez más salvajes y para ellos Alberto Fernández es un inútil manejado por la viuda corrupta.

Todas las estadísticas muestran que estábamos mejor durante el gobierno de Mauricio Macri.

El PBI del segundo trimestre cayó el 19,1 por ciento y la actividad económica casi el 27 por ciento.

El senáculo opositor, desde los poderes legislativo y judicial hasta una gran parte de la masa que votó en contra del Frente de Todos, parecen apostar con impostada preocupación a que la pandemia arrase con el gobierno actual como a un triunfo secreto.

Parte de la batalla cultural ya fue ganada gracias al admirable trabajo realizado por Marcos Peña durante cuatro años en el que se adoctrinó a los usuarios de redes para la propagación de Fake News, aunque la mayoría fueran en contra de sus propios intereses y necesidades.

El Hood Robin se instaló en gran parte de la clase trabajadora argentina, la cual llegó finalmente a copiar y pegar en Facebook el relato Macrista como si fuera el suyo propio, al punto tal de oponerse a la aplicación del impuesto de emergencia a las grandes fortunas.

Pequeñísimos comerciantes manejan el lenguaje de la cotización del dólar como si trabajaran el Wall Street, empleados administrativos hablan de “per saltum” como el mejor de los constitucionalistas y el trabajo precario se transformó en la jerga de los trabajadores como “emprendedurismo”.

Fue sencillo reconocerlos en todas las manifestaciones en contra del gobierno actual, invitando al contagio masivo de Covid y avergonzando a cualquiera que tiene un mínimo registro de conciencia de clase.

Sus consignas siempre fueron la reproducción de las del poder concentrado pero vacías de contenido, ya que todos estaban “a favor de la república” y “en contra de la infectadura”.

Hasta se dieron el lujo de emitir críticas al IFE como mecanismo de “criar vagos que prefieren no trabajar”.

¿En qué lugar del mundo se puede hablar hoy en serio de pleno empleo con miles de empresas que cierran por el Coronavirus?

Así es la realidad de hoy:

Evolución del PBI en las principales economías de la OCDE durante el segundo trimestre:

Reino Unido: -20,4

Argentina: -19,1

Francia: -13,8

Italia: -12,4

Unión Europea: -11,7

Alemania: -9,7

EEUU: -9,5

Japón: -7,8

China: Aumentó el 11,5

El periodismo ultramacrista acumuló en las últimas semanas frases como “este es un país de mierda”, “la salida de Argentina es Ezeiza”, “Alberto Fernández es un inútil”, “Todos los países manejaron mejor la pandemia”.

Si existe un lugar mejor que la Argentina para progresar, siempre y cuando se pueda zafar del Covid 19 para no enfermarse o morir, quedamos todos a la espera de que nos indiquen adonde queda  y quizá allá vayamos todos algún día.

Seguro será ese país en el que los neoliberales nos cuentan que la rentabilidad es tan exuberante y opulenta que rebalsa la copa de los magnates para caer equitativamente sobre la clase trabajadora.

Y que esta clase inferior pero de “pobreza digna” que recibe los desbordes de la riqueza,  goza de los mismos privilegios y satisfacciones de los más poderosos, siempre y cuando hayan hecho el mérito necesario para merecerlas.

Aunque la línea de largada haya sido bochornosamente desigual.

Alejandro Lamaisón

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