ELECCIONES CON LO QUE HACEN DE NOSOTROS

Si gana la derecha las elecciones se desarrollan dentro de un marco republicano y de saludable democracia. Si gana el Frente de Todos hay fraude.

CUANDO EL VOTANTE REFLEXIONA DEJA DE HACER LO QUE HACE CON LO QUE HICIERON DE ÉL. A PARTIR DE AHÍ SE TRANSFORMA EN SUJETO AUTÓNOMO.

EL COMPLEJO DE LAS ELECCIONES

Si gana la derecha las elecciones se desarrollan dentro de un marco republicano y de saludable democracia. Si gana el Frente de Todos hay fraude.

En un mundo donde los oficialismos caen como moscas por el desgaste que han sufrido al destinar todos sus recursos en combatir la pandemia, la prensa hegemónica continúa arengando el descontento popular y ocultando a través de fake news el saqueo macrista.

Mientras tanto, un Rodríguez Larreta ávido de lucir la banda presidencial recorre los centros del poder mundial ofreciendo, como es costumbre en la derecha liberal argentina, lo que sea con tal de recibir el apoyo del imperio.

Si el panorama es lúgubre, la Corte Suprema de Justicia le da el toque apocalíptico que falta a la crisis de valores en la que estamos inmersos.

Tanto Horacio Rosatti como Carlos Rosenkrantz, designados a dedo por el ex presidente Macri, se votaron a sí mismos como presidentes y vice de la Corte Suprema urdiendo, según Mario Wainfeld “una votación mezquina, intrigante con cero ejemplaridad y alto oportunismo”.

En este contexto de esquizofrenia moral el ciudadano de a pie se siente huérfano de principios republicanos, aquellos que proclaman una Constitución Nacional cada vez más parecida a un bestseller pasado de moda que a la otrora Ley Suprema impregnada de valores emancipadores.

Somos el hijo bastardo de un relato construido por una clase gobernante que se aprovecha de nuestra orfandad cívica para utilizarnos siempre a la hora de votar, pero una vez en el poder, casi siempre termina defraudando a quien más lo apoyó.

Un hijo de la nobleza o de la oligarquía sí puede votar con seguridad y confianza, porque tiene detrás todo un linaje que lo respalda, que lo precede.

En cambio, el votante común, arrastra siempre el complejo existencialista de no pertenencia, buscando constantemente en el potencial candidato el reconocimiento de su identidad, de su esencia como sujeto de derecho que tiene plena libertad de elegir.   

Pero así como somos libres de elegir, deberíamos ser libres de preguntarnos por quien estamos luchando. Y esa libertad a veces resulta coartada por la misma velocidad de la información que llega a nosotros con una hermenéutica diferente a los intereses de las grandes mayorías.

DEL DISCURSO A LA PRAXIS

En estas elecciones la ciudadanía se tomó su tiempo para reflexionar y alertar al gobierno que sus yerros no pasarían desapercibidos, a pesar de la velocidad informativa que deliberadamente todo lo confunde.

Podría decirse que hasta se dio el lujo de ejercer el voto estratégico de tal manera que el gobierno se viera forzado a responder con acciones rápidas algunos de los interrogantes que hoy salen al ruedo.

Por ejemplo, ¿por qué a pesar de una experiencia evidente y clara, el Frente de Todos esperó perder estrepitosamente en las PASO para recién al otro día tomar medidas similares a las de Macri el 14 de agosto de 2019? Luego de perder las elecciones primarias presienciales con Alberto Fernández por 15 puntos, Macri aumentó el salario mínimo, el bono para la Asignación Universal por Hijo, eliminó el IVA para alimentos básicos, subió del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, dio un refuerzo salarial para trabajadores privados mediante la quita de aportes jubilatorios, suspendió el ajuste por inflación en los créditos UVA y dio moratoria a 10 años para pymes.

Con este paquete de medidas logró achicar la diferencia en los comicios generales casi 8 puntos.

Otro ejemplo fue la carta de Cristina en la que señaló “Faltan ejecutar, según la previsión presupuestaria, 2,4% del PBI… más del doble de lo ejecutado y restando sólo cuatro meses para terminar el año”. Si el ministro Guzmán reconoció haber sub ejecutado alrededor de 900.000 millones de pesos ¿Por qué no se realizó el mismo golpe de timón una semana antes de las elecciones en vez de hacerlo tras la derrota?

Si a pesar de la reclusión pandémica todo el pueblo peronista apoyó con alegría la propuesta de expropiación de Vicentin, cuyo hecho hubiese emulado la audacia de Néstor Kirchner, ¿por qué se volvió atrás con la medida?

Si todos sabían que tanto el Secretario de Medios como el vocero presidencial entregaban sus primicias a cualquier periodista de Magnetto antes que a los del palo e incluso filtraron la foto del cumple de Fabiola Yañez, ¿Por qué se los reemplazó recién luego de la derrota electoral?

Si todos sabemos que si el estado se hace cargo de la explotación de la Hidrovía con lo que se ahorra se podría pagar la deuda externa en un año y medio, ¿Por qué Alberto Fernández ya había preparado el decreto 949/20 para extender el plazo de la concesión a las empresas privadas, incluida Jan de Nul?

Cuando el ciudadano vota siempre está evaluando las acciones de sus candidatos y el grado de firmeza que demuestra en sus convicciones, pues en eso se basa en definitiva la confianza que el electorado depositará en el momento de elegir.

Si esa confianza se rompe, también se diluye nuestra expectativa de identificación con un proyecto de país y en definitiva perdemos lo más preciado de un sistema democrático: la libertad de elegir, pues como siempre, terminamos “votado al menos peor”.

En esa angustia de elegir sin convicciones es cuando los poderes concentrados tienen el terreno allanado para apropiarse de nuestra libertad, de nuestro ser, por consiguiente comenzamos de nuevo a no ser.

O como diría Jean -Paul Sartre, a ser para hacer lo que hacen de nosotros.

Alejandro Lamaisón

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