EL ODIO DE LUIS BRANDONI

El actor Luis Brandoni, rumbo a las elecciones de medio término, confirmó que competirá de forma apenas simbólica en los comicios legislativos. "Es posible que esté en una lista, pero en el último lugar", dijo el feroz opositor al gobierno de Alberto Fernández, quien reconoció un lugar testimonial en la contienda de Juntos por el Cambio postulándose como candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires.

UN ACTOR CUYO TALENTO PUEDE MEDIRSE PROPORCIONALMENTE AL ODIO QUE MANIFIESTA.

ODIO 

El actor Luis Brandoni, rumbo a las elecciones de medio término, reconoció que competirá de forma apenas simbólica en los comicios legislativos. «Es posible que esté en una lista, pero en el último lugar», dijo el feroz opositor al gobierno de Alberto Fernández, quien confirmó que ocupará un lugar testimonial en la contienda de Juntos por el Cambio postulándose como candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires.

Desde hace más de diez años, todo su reconocido éxito como actor se ha visto opacado por el reiterativo, obsesivo y hasta delirante odio hacia el peronismo a punto tal que sus propias angustias y penurias las ha proyectado en diatribas constantes hacia el actual gobierno a través de los medios hegemónicos.

¿Quien es realmente este individuo que tiene la capacidad de ponerse en la piel de un personaje, es decir, que juega a representar la vida de otro sujeto a través de la actuación mientras que en la vida real sólo representa el odio y el resentimiento?

UN POCO DE HISTORIA

En 1983, pocas semanas antes de morir víctima de una leucemia fulminante, Julio Cortázar regresó del exilio a la Argentina para despedirse por última vez de su país y de su gente a la que quiso tan profundamente que en la mayor parte de su obra ha quedado el testimonio indiscutible de ese amor incondicional.

Su postura siempre en defensa de los oprimidos  y de estar a favor de la revolución nicaragüense, le valió la sentencia de muerte por parte de la junta militar.

Raúl Alfonsín, que estaba a punto de asumir la presidencia, fue aconsejado por un asesor de no recibir al escritor con los honores que merecía porque su simpatía por la independencia de los pueblos podría molestar a los militares y perjudicar al nuevo gobierno radical.

Ese asesor cultural era Luis Brandoni.

Con la tristeza que significa sufrir el desprecio de un país al que puso en el podio de las letras universales, junto a Borges y Sábato, Cortázar regresó a París y tras una profunda depresión murió el 12 de febrero de 1984.

Sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse de la ciudad de París, en el mismo lugar donde yace Carol Dunlop, su amada y admirada compañera.

Poco tiempo después, Raúl Alfonsín reconoció el error de haber perdido la oportunidad de homenajear a un luchador de los derechos humanos y reconoció la infamia a la que lo había arrastrado su funcionario de cultura, pero ya era tarde.

EL BRANDONI DE ANTES Y EL DE AHORA

En 2017 la Asociación Argentina de Actores emitió un duro comunicado donde señalaba el «desprecio a lo democrático» por parte de Brandoni, que «su renuncia nos libera de la carga ominosa de tenerlo como afiliado» que, durante su paso por la función pública como legislador de extracción sindical, «con su actitud borró con el codo lo que escribió con la mano», y que «actúa siendo funcional a los postulados e intereses económicos que fueron el origen de la dictadura. El odio muchas veces no permite ver la realidad.»

Actualmente, Luis Brandoni demostró que su poder de persuasión sigue intacto al convencer el año pasado a una porción importante de la sociedad porteña, en medio de una pandemia, a salir a las calles a protestar en contra del gobierno de Alberto Fernández.

En este sentido, el periodista y guionista Marcos Doño escribió una carta abierta al maquiavélico actor, la cual se titula:

Carta abierta a Luis Brandoni. A SU INDECENCIA LE HABLO

He aquí el enlace para quien tenga interés en indagar brevemente en los sótanos del alma, allí donde pueden apreciarse los verdaderos motivos que impulsaron a un actor exitoso a caer en el más bajo de los crímenes morales: traicionar sus propios principios.

Alejandro Lamaisón

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