ENFRENTAR A LAS EMPRESAS SIN MORIR EN EL INTENTO

Concentración de empresas: Uno de los grandes problemas que aún no han podido superar las experiencias populares- progresistas (y por lo que venimos desde hace 45 años en pendiente) es la alta concentración que lograron algunas de las principales empresas presentes en la economía argentina actual.

EN ARGENTINA, LAS 500 EMPRESAS MÁS IMPORTANTES CONTROLAN EL 77 POR CIENTO DE LAS EXPORTACIONES Y EL 80 POR CIENTO DE LAS IMPORTACIONES, REFLEJO FIEL DEL PROCESO DE TRANSNACIONALIZACIÓN DEL EXCEDENTE ECONÓMICO.

LAS EMPRESAS EN TRES ETAPAS

Concentración de empresas:

Uno de los grandes problemas que aún no han podido superar las experiencias populares- progresistas (y por lo que venimos desde hace 45 años en pendiente) es la alta concentración que lograron algunas de las principales empresas presentes en la economía argentina actual.

Esta verdadera estrategia de desigualdad planificada iniciada durante la dictadura militar de los 70 ha logrado que esta cúpula empresarial detente el verdadero poder económico, ya que tienen la capacidad de condicionamiento e influencia sobre las políticas públicas.

Su hegemonía es tan dominante que sólo 500 empresas  de ese conglomerado facturan la mitad de nuestro PBI y 200 de éstas representan el 80 por ciento de la facturación total.

Extranjerización de empresas:

Cabe aclarar que de estas 500 empresas, el 78 por ciento de esa facturación está en manos extranjeras.

Por lo tanto, la concentración que detenta esa cúpula empresarial, además de manipular el mercado, tiene siempre injerencia en las decisiones políticas y económicas  de todos los gobiernos para que les permitan enviar las remesas de ganancias a sus países de origen.

Esta modalidad de se agravó a partir de la década del 90, en la que las privatizaciones y las políticas neoliberales estuvieron a la orden del día de la mano de Menem.

Conglomeración de empresas:

El dominio del mercado que ejerce esta cúpula empresarial no se debe a que una empresa grande controla un mercado, sino que su poder es mayor ya que se trata de una estructura que involucra a múltiples empresas dependiendo de un mismo propietario.

Asimismo, ese mismo propietario tiene presencia en varios niveles de la cadena de producción, incluso con varias empresas en las distintas cadenas de producción.

Estos sectores, debido a este monumental dominio de la oferta y la demanda, pueden, en función de este manejo, sostener rentas extraordinarias con mucha facilidad, fijando precios y manipulando el mercado.

Desestimulo a la inversión

Precisamente, el hecho de que puedan fijar precios y tener capacidad de lobby con el Estado para obtener rentas extraordinarias cuando se les antoja, origina que las empresas inviertan menos, porque una inversión en la lógica de los capitales es el resultado de una expectativa de una renta superior.

Por lo tanto, si esa renta extraordinaria estas empresas la pueden obtener con mecanismos que no impliquen inversión alguna, como por ejemplo fijar los precios, resulta absurdo que intenten arriesgarse empresarialmente invirtiendo en infraestructura para obtener la misma rentabilidad que consiguen manipulando el mercado.

Esto explica por qué desde hace décadas las empresas concentradas invierten por debajo de lo que deberían invertir.

También explica por qué todo lo que no invierten acá, es decir, prácticamente toda la plusvalía obtenida con el excedente extraído del consumidor argentino,  la sacan inmediatamente afuera a través de la fuga.

INTERNACIONALIZACIÓN DE LAS EMPRESAS

Este comportamiento no sólo es propio de las empresas transnacionales, sino que grande grupos de origen local también han tomado como costumbre transferir la mayor parte de sus ganancias al exterior.

En este sentido podemos reconocer que este proceso, desde la dictadura para acá se fue generalizando de manera progresiva, ya que los grandes grupos empresarios de origen criollo se fueron internacionalizando poco a poco.

En conclusión esta cúpula concentrada extranjera y extranjerizada, en la actualidad o no tiene prácticamente ningún representante verdaderamente nacional o si los tiene, generalmente son grandes grupos locales que están totalmente internacionalizados.

Hoy, en nuestro país, las 500 firmas más importantes controlan el 77 por ciento de las exportaciones y el 80 por ciento de las importaciones, reflejo fiel del proceso de transnacionalización del excedente económico.

Este proceso de acumulación regresiva se intentó interrumpir solamente en dos períodos luego de la dictadura: durante el gobierno de Raúl Alfonsín, motivo por el cual el expresidente tuvo que soportar un golpe de mercado y durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuyos resultados originaron la persecución mediática y judicial del kirchnerismo.

En ambos casos nunca se pudo revertir la situación, dado que cada vez que se intentó aplicar políticas más equitativas, el poder concentrado regresó con más fuerza y agresividad, devastando el poder adquisitivo de la mayoría de los argentinos.

RENTABILIDAD  DE LAS EMPRESAS SIN FRENO

En este sentido, un estudio realizado a finales de 2020 sobre las 80 empresas que cotizan en bolsa reveló que aún en pandemia, con una inflación del 36 por ciento, su rentabilidad superó ampliamente el 75 por ciento, por lo que el sector agropecuario, el de alimentos y el financiero tuvieron un incremento de sus ganancias superior al período pre pandémico.

Con el viento a favor de los precios internacionales y la demanda de China de nuestros productos, tales como soja, leche, trigo, carne, cerdo, acero, aluminio, etc., es muy difícil sostener la estabilidad de los precios locales, salvo que exista una verdadera voluntad por parte del gobierno nacional de revertir la situación.

Por más que se dé vueltas y se intente con precios máximos contener la inflación, la única solución para desacoplar de los precios internacionales los productos que nosotros colocamos en el mercado mundial son sólo dos:

Una es a través de las retenciones, que permiten establecer un precio interno diferente al del mercado mundial.

Otra es a través de los cupos, que permite exportar aquello que no necesitamos para abastecer la demanda local.

Para ello se necesita que un porcentaje de la producción vacuna se retenga para abastecer el mercado interno, de tal manera que si el empresario quiere exportar más deberá invertir para tener mayor capacidad de producción que la actual.

En vez de ajustar la demanda interna a la desinversión de capital, como lo hacen actualmente los productores quitándole al mercado interno, deberán invertir para aumentar la productividad y así crear un excedente.

Para ello el Estado deberá inducir a la inversión otorgando créditos accesibles para los productores en el momento exacto en que haya mayor rentabilidad por las exportaciones, aprovechando los precios favorables del mercado internacional.

Ya quedó demostrado que el diálogo con los sectores concentrados tuvo un interlocutor que intentó negociar un acuerdo apelando a las reglas de la convivencia democrática y a la sensibilidad ante la pobreza creciente.

E inmediatamente murió en el intento.

Alejandro Lamaisón

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