ENSAYO SOBRE EL ODIO

El odio de un periodista

MUCHO ODIO. POCO ARGUMENTO.

Aquí estamos de nuevo.

La historia se repite una y otra vez en América Latina. Un gobierno parecido a los mal llamados populismos de centroizquierda reconstruye, organiza y paga lo que las políticas liberales de derecha desmantela, aniquila y endeuda.

En honor a la razón, la oposición política argentina no tuvo más remedio que celebrar el acuerdo logrado con los acreedores bonistas y por un instante, prácticamente todos los argentinos nos olvidamos de la palabra “grieta”.

No todos.

El medio de comunicación hegemónico, propietario de bonos de la deuda y principal opositor al gobierno de Alberto Fernández (la oposición política depende también de las instrucciones de este monopolio mediático), activó inmediatamente el periodismo de guerra.

Utilizando los esbirros de siempre como portavoces del odio demencial que se inocula día a día en la mente de muchos argentinos, entre desopilantes críticas al acuerdo de Guzmán y el ninguneo temático comenzó nuevamente la tarea de dividir para reinar.

En este sentido, podría forjarse un ranking de odiadores seriales cuyo discurso se maneja entre los límites intelectuales de la argumentación falaz y la grotesca puesta en escena del melodrama ridículo.

La risa idiota de Jonatan Viale mientras Feinmann se burla de Guzmán diciendo que se cree importante por negociar la deuda y no es más que Sacachispas jugando contra River.

Las contorsiones felinas de Viviana Canosa sobre la mesa de panelistas mientras maúlla que no le tiene miedo al acoso de Alberto Fernández, para luego levantarse abruptamente y abrazar a sus panelistas burlándose de la cuarentena.

El ninguneo de Jorge Lanata abocándose exclusivamente al tema de la reforma judicial.

El cinismo absurdo de un ex ministro de Macri sosteniendo que  “el acuerdo se podría haber logrado más rápido, con mayor alivio de intereses y mayor quita de capital”.

Y por qué no el silencio de “Pirincho” ante el destape vergonzoso del espionaje ilegal.

Todo, absolutamente todo destila odio.

Por ende, las redes sociales, hijas no reconocidas de la agenda setting que crea el medio hegemónico, también comienzan a hacer de las suyas:

 

Así están dadas las cosas. ¡Cuánta creatividad desperdiciada  de miles de personas en efímeros memes que intentan destruir al adversario con grotescos chascarrillos y humillantes fake news, sin aportar al menos un poco de argumento concreto a la dialéctica constructiva!

El hombre es lo que hace con lo que hicieron de él, decía Sartre, pero ¿Es esto lo que estamos haciendo para crear un mundo mejor para nuestros hijos y nuestros nietos?

Si la astucia y la creatividad sólo se limita a la competencia esquizofrénica de ver quien estimula más el odio a través del humor cerril  y la descalificación vacía de contenido, nunca vamos a crecer como país.

Y basta con que un hombre odie  a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera.

Ya hubo un contagio masivo debido a una extraña enfermedad.

Ojalá que con el odio no pase lo mismo.

Alejandro Lamaisón

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