ENTRE EL DESCONCIERTO Y LA ESPERANZA

Pobreza y esperanza en el peronismo

LA ENORME RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO PARA COMBATIR LA POBREZA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Todos, absolutamente todos los que votamos a Alberto Fernández sabemos con certeza que los cuatro años de Macri fueron la conjunción horripilante de un proyecto sistemático de transferencia de la riqueza del pueblo argentino hacia el poder económico concentrado y de aniquilación de la oposición a través de la persecución política, mediática y judicial.

También somos conscientes de que, como un ensañamiento del destino, el Frente de Todos asume al inicio de una pandemia universal que enferma y mata por doquier, arrasando con las economías de todo el planeta y poniendo en tela de juicio a todos los gobernantes del mundo, ya sean de derecha, liberales, populares o comunistas.

La rapidez de reflejos del gobierno argentino al inicio de la pandemia, decretando una cuarentena estricta y reconstruyendo  la estructura sanitaria desmantelada por el Pro, permitió atenuar los daños de la primera ola de Covid y mitigar los perjuicios colaterales de una economía arrasada por las impericias (o simplemente afano) del gobierno anterior.

Pero el tiempo pasó, y vacuna de por medio, la segunda ola nos muestra la cara más aterradora de la pandemia al descubrir que no sólo se lleva la salud y la vida de los argentinos, sino que trae aparejado un incómodo e irritante desconcierto de quienes confiamos y seguiremos confiando completamente en la adecuada conducción de Alberto y Cristina.

Queda claro que el autor de estas líneas no tiene ni el conocimiento ni la capacidad para atreverse a cuestionar en absoluto la excelencia e idoneidad reconocida en todos los niveles de nuestros funcionarios y de todo el equipo que asesora al señor presidente.

Sólo fluye el terror de que, quizá por errores involuntarios motivados por el desquicio social que provoca la pandemia, los argentinos se acobarden y en las próximas elecciones vuelvan a votar otro gobierno similar al de Mauricio Macri.

Se está observando en la mayoría de las clases populares una incómoda confusión respecto al exceso de prudencia que denota el accionar de un gobierno que, teniendo el apoyo incondicional de los sindicatos y de la mayoría del pueblo argentino, aún no consigue poner en marcha su esencia revolucionaria y emancipadora.

El consejo nacional del salario aprobó un aumento del 35 por ciento, pero pagadero en 7 cuotas, lo que implica que por cuarto año consecutivo los sueldos caerán estrepitosamente respecto a la inflación.

Después del rescate del año pasado (IFE, ATP, REPRO), Guzmán decidió restringir todo tipo de subsidios y minimizar los gastos al máximo, de manera tal que el déficit del estado es apenas un 0,6 por ciento superior al del primer trimestre del 2020, mientras que la inversión en obra pública es idéntica a la del primer trimestre del 2019.

En este sentido estamos asistiendo a un ajuste a pedir de boca del el FMI y retornando al conocido pensamiento económico ortodoxo que implica bajar al máximo el gasto social para mantener un déficit fiscal equilibrado.

Por otro lado, para poder aplicar el Aporte Solidario a las grandes fortunas aprobado por ley en el Congreso hay que pedirle por favor al Poder Judicial que no dé lugar al amparo iniciado por los hipermillonarios que se niegan rotundamente a tributar la ayuda.

Si no fuera por los ciudadanos, los gremios y algunos periodistas y funcionarios que frenaron el decreto 949/20 firmado por Alberto Fernández, la concesión de la Hidrovía del río Paraná se hubiera renovado, entregando nuevamente nuestra soberanía nacional a la empresa belga Jan de Nul y al radical Romero, quien reconoció haber pagado coimas en la causa de los cuadernos.

Cada DNU que firma el presidente para paliar los efectos devastadores de los contagios son declarados inconstitucionales por un poder judicial cuyos jueces tenían relaciones íntimas con el gobierno anterior, lo que pone en tela de juicio constantemente la autoridad del propio presidente.

Se establece por decreto que las empresas de servicios no aumenten sus tarifas y automáticamente se producen aumentos desproporcionados, amparados por algún juez dispuesto a quedar bien con el poder mediático y económico.

La pregunta es sencilla: Si Argentina siempre fue un país cuya esencia presidencialista permitió imponer la voluntad del gobierno de turno para aplicar reformas de todo tipo al punto tal que Menem liquidó el empleo y la industria nacional y Macri le dio el tiro de gracia, ¿Por qué ahora que ganó el peronismo no podemos recuperar  al menos la tranquilidad de que esa pandemia neoliberal no regrese en algún momento de la historia?

Sólo pedimos un botón de muestra y con eso nos basta.

Pero debe ser ya, dado que las elecciones de medio término ya están golpeando la puerta.

Alejandro Lamaisón

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