¿ES UNA UTOPÍA LA REFORMA JUDICIAL?

Reforma Judicial

Los alrededores de una reforma escurridiza.

No sé de qué se trata, pero me opongo 

Desde el primer día que se mencionó en las esferas del gobierno la posibilidad de modificar el escandaloso funcionamiento de la justicia actual, el coro estable de la oposición, el monopolio comunicacional y diversos integrantes del poder judicial salieron a criticar al unísono el proyecto, aún sin conocerlo.

Hoy, con el texto de la reforma ya en sus manos, la estrategia de la oposición consiste básicamente en bloquear su tratamiento en diputados bajo el sagaz argumento de que no realizarán la sesión de manera remota.

El del periodismo hegemónico se sostiene con la cantinela eterna de que la intención del gobierno es limpiar todas las causas que tiene pendiente la vicepresidenta Cristina Fernández.

Por último, el de los magistrados, más heterogéneo y con cierta razonabilidad, plantea la discusión de la oportunidad y el costo, amén de recalcar la necesidad de respetar la autonomía de los poderes.

En este último caso, el fiscal Delgado, con la prudencia reflexiva que lo caracteriza,  planteó que esta reforma podría fracasar de entrada, ya que no se trata solamente de modificar desde afuera, sino también desde adentro. “No le podemos pedir a ningún diputado, senador, ministro, presidente, que haga una reforma con lo que tiene que ver con las cuestiones interiores de la Justicia. Ahí, la Justicia sabe. Venimos en un tobogán cada vez peor y hay que aprovechar la experiencia de lo malo para hacer lo bueno”, afirmó.

Transparencia de la justicia

Aún si se discutiera sobre el fondo y la forma de efectuar la reforma, la intención del proyecto presentado por el presidente Alberto Fernández hace hincapié en la pérdida de transparencia en el funcionamiento de algunas áreas específicas del Poder Judicial.

Tras el “Nunca más una justicia para perseguir a adversarios políticos”, los puntos básicos del texto incluyen:

a) Terminar con la “Mesa Judicial” que durante el gobierno de Cambiemos presionaba a los jueces para direccionar las causas.

b) Acabar con los espacios cerrados que les permitían a muy pocos manejar un poder gigantesco, como es el ejemplo de los doce juzgados federales concentrados en Comodoro Py. Precisamente, la idea de crear nuevos juzgados federales dentro del fuero es lograr que el poder se disipe ya que al ser manejado por muchos, todos se controlan entre sí.

c) Liquidar los “sótanos de la democracia” modificando el área de inteligencia para romper definitivamente con la promiscuidad entre la A.F.I. y la Justicia.

d) La designación de un Consejo de Asesores integrado por 11 juristas (con paridad de género) que analizará el funcionamiento del Poder Judicial de la Nación para efectuar las transformaciones de fondo tales como la optimización de la Corte Suprema y del número de sus integrantes. Asimismo se propone al Consejo repensar el alcance del recurso extraordinario federal y reordenar la manera en que trabaja actualmente el Consejo de la Magistratura.

La marca en el orillo

Lamentablemente, la justicia tiene una marca grabada a fuego y sangre: su histórica simpatía con la derecha e incluso con los golpes de estado.

Recordemos que en el primer golpe de Estado de 1930, la Corte Suprema de aquella época declaró que no iba a intervenir en la ruptura institucional encabezada por el general José Félix Uriburu, y que a partir de ese momento, aquel gobierno de hecho era legítimo, y la Corte no tenía nada que decir en relación a la Constitución.

Y así continuó hasta nuestros días.

Durante la dictadura militar de los setenta, el Proceso de Reorganización Nacional, al establecer el plan clandestino de represión tenía que responder a ciertas normas jurídicas para disfrazar las atrocidades que cometían. Para esto, debía interactuar con el poder judicial, de tal manera que comenzó a buscar cómplices que se prestaron animosamente desde los juzgados más remotos del país hasta llegar a la inmaculada Corte Suprema de Justicia.

Asimismo, su propia esencia conservadora la inmiscuye sin quererlo en cualquier tipo de gobierno de facto, pues adolece de un nepotismo tan marcado que contamina de homogeneidad o uniformidad ideológica a la mayoría de sus integrantes.

Hoy la podredumbre del Poder Judicial está saliendo a la luz ya que sus integrantes más jóvenes pertenecen a una generación en la que la vida en democracia les ha otorgado una impronta menos autoritaria y más heterogénea que la de sus antecesores.

Gracias a ello, la parte más corrompida de justicia ha quedado al descubierto en su vinculación con el poder hegemónico transnacional, su entrega al grupo mediático que benefició al esmerilar la Ley de Medios hasta hacerla totalmente inocua y su doble vara al mantener presos políticos a pedido de la alianza Cambiemos.

¿Es o no es?

Entonces: ¿Es o no es una utopía la reforma judicial?

Si tenemos en cuenta que aún hay una gran parte de la sociedad argentina que no acepta o no le interesa la propuesta de cambiar el estado de las cosas y si a esto le sumamos la colonización de la subjetividad de los medios de comunicación, la respuesta es bastante obvia.

Por lo tanto no paguemos por el pito más de lo que el pito vale y no nos hagamos ilusiones de que las cosas pueden cambiar a la brevedad.

Pero sí debemos estar seguros de que, si no mantenemos esta utopía encendida,  como el norte hacia donde debemos seguir caminando en la búsqueda de más justicia y equidad, la historia volverá a repetirse una y otra vez.

Y ya sabemos quiénes serán los eternos ganadores.

Alejandro Lamaisón

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