El mundo está cambiando demasiado rápido. Pero está cambiando mal. Ejemplo uno. Apenas a unos meses de haber dominado un virus gracias a las vacunas (cuyas patentes jamás fueron liberadas pese al enriquecimiento colosal de los laboratorios que las fabricaban) y haber evitado millares de pérdidas humanas, una guerra vuelve a poner en vilo al mundo y a exponer a la muerte a miles de jóvenes.

ERRORES QUE ATRASAN PERO SE REPITEN SIN QUE EL HOMBRE PUEDA EVITARLOS.

El mundo está cambiando demasiado rápido.

Pero está cambiando mal.

Ejemplo uno.

Apenas a unos meses de haber dominado un virus gracias a las vacunas (cuyas patentes jamás fueron liberadas pese al enriquecimiento colosal de los laboratorios que las fabricaban) y haber evitado millares de pérdidas humanas, una guerra vuelve a poner en vilo al mundo y a exponer a la muerte a miles de jóvenes.

El hombre reducido a la categoría de bien de consumo.

Los seres humanos ya no somos la fuerza de trabajo que requiere el capitalismo para la fabricación de mercancía, sino que somos la mercancía propiamente dicha.

Mercancía utilizable para la guerra y desechable al momento de establecer las políticas distributivas de “la riqueza de la naciones”.

Ejemplo dos.

De golpe nos enteramos que los incendios que asolan a los pulmones del planeta, tales como el del Amazonas, Australia o actualmente en la Mesopotamia de Argentina son intencionales, originados en un 95 por ciento por la mano del hombre para explotar el agronegocio, la minería a cielo abierto, el sector inmobiliario y los deportes de élite como el golf, las carreras de enduro y motocross.

El fin de  los tiempos en menos de cincuenta años. Y sin que al capitalismo concentrado se le mueva un pelo.

Ejemplo tres.

En los medios de comunicación se les llama animales a una patota que viola a una joven en Palermo y se la denomina “violación en manada”, proyección vergonzante de la oscuridad del alma humana en inocentes seres vivos que por su naturaleza no violan ni individualmente ni en manada, pero sí el hombre socializado, educado y civilizado.

El  médico activista por los derechos humanos y ensayista Héctor Abad Gómez, asesinado en Medellín por grupos paramilitares, dijo una vez que “Lo más nocivo para la salud de los humanos, aquí, no era ni el hambre, ni la malaria ni los virus ni las bacterias ni el cáncer ni las enfermedades respiratorias o cardiovasculares. El peor agente nocivo, el que más muertes ocasionaba entre los ciudadanos del país, eran los otros seres humanos”.

Ejemplo cuatro.

En un mundo cada vez más informado por el abuso de medios digitales,  pero menos formado paradójicamente por ese mismo abuso, sólo podemos ver a través de la ventana conceptual que los monopolios de la información nos abren hacia una realidad que sólo tiene como fin sus propios intereses corporativos.

El enemigo es cambiante. Ahora ya no está ubicado en Venezuela sino que está del otro lado de Europa, en India, China y Rusia y más temprano que tarde observaremos a Joe Biden haciendo negocios con Nicolás Maduro por el tema del petróleo, ya que la guerra ha mermado la capacidad de abastecimiento del preciado commoditie.

Ejemplo cinco.

¿Qué explicación tiene una Argentina cuyos habitantes, ante el enojo provocado por una inflación devastadora y a sabiendas de que un gobierno inescrupuloso la endeudó de manera terrorífica de por vida, estaría a punto de votar nuevamente a quienes originaron esa deuda colosal, sólo por el hecho de castigar la impotencia del actual gobierno para revertir la espeluznante realidad? 

La explicación es alocada, intuitiva, propia del desencanto universal y la anomia colectiva.

Cuando una sociedad se enoja mucho con el que gobierna, vota exactamente lo contrario sin medir las consecuencias. Y una sociedad enojada puede votar por sus verdugos, porque considera que el presente es tan precario que cualquier cosa podría mejorarlo, incluso el simulacro de votar un candidato confiable.

En consecuencia, en esta apariencia de libertad no somos realmente nosotros los que elegimos.

Elige el verdadero enemigo del pueblo: el círculo rojo del poder real.

Alejandro Lamaisón

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