¿Quien soy?

Este es un sitio que explora el infinito universo de la libertad de expresión a través de un periodismo literario o una literatura periodística e intenta decir sólo lo que hay que decir de una manera diferente.

La multiplicidad

Periodismo desde La Pampa

Cuando decidí comenzar este proyecto periodístico nunca imaginé que el mismo coincidiría con una pandemia fulminante y de alcance mundial. Es precisamente un momento de la historia en el que las superestructuras políticas, sociales e ideológicas de todo el mundo se desmoronan como un castillo de naipes arrastrando con ella valores e instituciones.

En tal sentido con la propuesta de ejercer un periodismo desde un enfoque literario o bien una literatura desde la perspectiva del periodismo,  ajeno a la influencia de los medios tradicionales y con la certeza de que no existe un solo mundo sino “muchos” intentaré, con el nombre de Alejandro Lamaisón, ejercer la tan soñada libertad de expresión.

Quizá sea una excelente oportunidad de tomar las cartas caídas de lo instituido, barajar y construir un nuevo castillo con los mismos naipes, pero resignificados y con la impronta de lo instituyente.

Pretenderé ser excelso en mis publicaciones, pero sé con certeza que es muy difícil decir algo sin tener aunque sea una pequeña cuota de subjetividad.

El mundo de las cosas es tan amplio que al querer trasladarlo al mundo de las ideas siempre se cae en la parcialidad de las circunstancias en la que el  periodista se encuentra y de la manera en que fue sorteando las distintas etapas de su existencia.

En tal sentido cuando queremos expresarnos jugando con bella armonía que representan las palabras y las cosas,  siempre hay un arquetipo personal que nos encasilla en un lado u otro de las distintas maneras que existen de ver el mundo.

Según Sartre el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él, pero cuidado cuando decide pensar por sus propios medios, con cabeza propia. Aquí finaliza la cobardía del sentido común y comienza una nueva manera de ver las cosas. Todo lo que se diga quizá no llegue a ser apreciado por todos,  pero seguro que será diferente.

Invito a mis lectores a la experiencia de compartir el mundo de la discusión constructiva, de las fructíferas diferencias de opinión, ese mismo mundo que hoy se cae lentamente a pedazos por reciclar constantemente viejas miserias humanas, elevadas a su máxima expresión por causa de una extraña pandemia mundial y disfrazadas de humanismo  tras una persistente avaricia social.

Mi deseo es, en lo posible, decir sólo lo que hay que decir.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *