¿Quien soy?

Este es un sitio que explora el infinito universo de la libertad de expresión a través de un periodismo literario o una literatura periodística e intenta decir sólo lo que hay que decir de una manera diferente.

La multiplicidad

Periodismo desde La Pampa

Este es un espacio en el que se ejerce el periodismo desde un enfoque literario o bien el relato de los acontecimientos desde la perspectiva del periodismo, ajeno a la influencia de los medios tradicionales y con la certeza de que no existe un solo mundo sino “muchos”.

No es un mero juego de palabras, sino la convicción de que sólo se ejerce la verdadera libertad de expresión cuando se escribe de manera literaria, recogiendo las cartas caídas de lo instituido, barajándolas y, con los mismos naipes, intentando construir un nuevo castillo, pero resignificado y con la impronta de lo instituyente.

Pretenderé ser excelso en mis publicaciones, pero sé con certeza que es muy difícil decir algo sin tener aunque sea una pequeña cuota de subjetividad.

El mundo de las cosas es tan amplio que al querer trasladarlo al mundo de las ideas siempre se cae en la parcialidad de las circunstancias en la que el  periodista se encuentra y de la manera en que fue sorteando las distintas etapas de su existencia.

En tal sentido cuando queremos expresarnos jugando con bella armonía que representan las palabras y las cosas,  siempre hay un arquetipo personal que nos encasilla en un lado u otro de las distintas maneras que existen de ver el mundo.

Según Sartre el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él, pero cuidado cuando decide pensar por sus propios medios, con cabeza propia. Aquí finaliza la cobardía del sentido común y comienza una nueva manera de ver las cosas. Todo lo que se diga quizá no llegue a ser apreciado por todos,  pero seguro que será diferente.

Invito a mis lectores a la experiencia de compartir el mundo de la dialéctica superadora, de las fructíferas diferencias de opinión, ese mismo mundo que hoy se cae lentamente a pedazos por reciclar constantemente viejas miserias humanas, elevadas a su máxima expresión tras las secuelas de la pandemia y disfrazadas de humanismo  tras una persistente avaricia social.

Mi deseo es, en lo posible, decir sólo lo que hay que decir.

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