JEAN- PAUL SARTRE: LA EXISTENCIA EN MEDIO DE LA NADA

Su filosofía fue un arma de compromiso con las luchas sociales y políticas de su tiempo, asumiendo la perspectiva del conflicto norte-sur como clave de interpretación del mundo actual. Comprometido con la resistencia francesa en la posguerra y la resistencia argelina al imperialismo francés, siempre hizo de su filosofía una práctica de la solidaridad política y cultural, posicionándose desde la perspectiva del hombre oprimido, denunciando al racismo e incluso al sexismo dentro del ámbito académico.

LA CONCIENCIA SARTREANA NO TIENE NADA, NO TIENE CONTENIDO Y ESTÁ TOTALMENTE EYECTADA HACIA EL MUNDO COMO UN VÓMITO, COMO UN ESCUPITAJO. ES PURO PROYECTO EN MEDIO DE LA NADA.

EN LA VEREDA DE ENFRENTE

La filosofía de Jean- Paul Sartre fue un arma de compromiso con las luchas sociales y políticas de su tiempo, asumiendo la perspectiva del conflicto norte-sur como clave de interpretación del mundo actual. Comprometido con la resistencia francesa en la posguerra y la resistencia argelina al imperialismo francés, siempre hizo de su filosofía una práctica de la solidaridad política y cultural, posicionándose desde la perspectiva del hombre oprimido, denunciando al racismo e incluso al sexismo dentro del ámbito académico.

Causaba emoción verlo en las calles de París repartiendo panfletos maoístas redactados por sus alumnos, apenas pudiendo caminar con sus rodillas carcomidas por la artrosis y el peso de los años, pero con la convicción de que la filosofía debía salir del ámbito de la universidad y comprometerse con el barro  de la historia en el espacio real de los conflictos y de las protestas sociales.

A lo largo de su vasta obra Introduce la fenomenología en Francia (La Trascendencia del Ego, 1933) y desarrolla el existencialismo en su obra cumbre “El Ser y la Nada”.

Ser Sartre es siempre estar en la vereda de enfrente, siempre en contra del poder y a favor de volver a recuperar la libertad perdida del sujeto, pues como sostiene en sus reflexiones, el hombre vive alienado, pero antes de este estado fue libre. Por lo tanto es posible la alienación porque antes existió la libertad.

Cuando en 1964 la Academia sueca le atribuyó el premio Nobel de Literatura, su reacción inmediata fue rechazar el reconocimiento, como hizo con otros que se le dieron en su vida, pues opinaba que el intelectual no debe dejar que lo conviertan en una institución.

Para él, el hecho de recibir el premio Nobel significaba convertirse en una estatua viviente, por lo que su rechazo le permitió desarrollar su proyecto humanista de libertad hasta el día de su muerte.

LA TRASCENDENCIA DE LA CONCIENCIA

Para Sartre la conciencia nunca reposa en sí. La conciencia siempre está intencionando sobre el mundo. Nuestra subjetividad siempre intenciona sobre el mundo. Continuamente el ser acciona sobre su entorno intencionando: conciencia de mundo.

Ejemplo: Conciencia corriendo tranvía, hombre intenciona sobre tranvía. Subjetividad corriendo tranvía.

Mi subjetividad corriendo tranvía porque la conciencia de sí es conciencia cuando es conciencia de mundo, conciencia- mundo. La conciencia y el mundo son correlativos, ya que no hay conciencia por un lado y mundo por el otro. Hay una conciencia/mundo.

Cuando corro el tranvía hay conciencia/tranvía. Si en el momento de correr el tranvía yo digo “estoy corriendo el tranvía”, chau, lo perdí. ¿Por qué? Porque ahí aparece el momento de la reflexión, el momento del yo.

Nadie puede decir “yo estoy corriendo el tranvía” porque YO es un momento derivado, en el cual uno toma conciencia de que uno es un YO. Pero cuando uno corre el tranvía no está consciente del “yo estoy corriendo el tranvía”. Es conciencia corriendo tranvía.

Cuando aparece el YO es el momento de la reflexión. Cuando tomo conciencia del YO, seguro me detengo a reflexionar (y el tranvía se me va).

“Hay conciencia de sí porque hay conciencia de mundo”. La consciencia es correlativa con el mundo.

Esto implica que la conciencia está siempre en riesgo en el mundo. La conciencia no es un lugar tranquilo como es el caso de la filosofía idealista. Más bien podría decirse que la conciencia se juega la vida en el mundo, porque está arrojada al mundo, está arrojada entre los hombres, en constante peligro.

Por eso el existencialismo es una filosofía intencional, es decir consiste en arrojar la conciencia hacia el mundo; la conciencia encuentra su unidad en las objetividades del mundo, en las cosas del mundo.

EL SER PROYECTANTE

Para Sartre el hombre es puro proyecto, es un ser proyectante, entonces, esa conciencia que está arrojada al mundo y que está en peligro entre las cosas y los hombres, tiene el potencial de accionar sobre el  mundo.

Del ser en sí que se arroja al mundo (conciencia-mundo) está el ser para sí, el cual es una proyección hacia sus posibles proyectos.

La dimensión del futuro todavía no es porque los proyectos del para sí aún no se han llevado a cabo, ya que en el presente el para si es nada, porque es puro proyecto arrojado hacia delante.

¿Por qué entonces en el presente no somos nada?

Porque curiosamente yo soy y no soy el pasado. No soy el pasado porque seguramente voy a hacer algo nuevo, algo distinto. Entonces el para sí, este ser no es lo que es, y cómo está siempre proyectado hacia el futuro es lo que todavía no es.

El hombre no es lo que es. No es su pasado porque su presente está arrojado a proyectos nuevos, es decir su pasado, su en sí no es lo que el para sí es la eyección, constantemente proyectado hacia el futuro. Y ese futuro, como todavía no es, el para si es lo que no es.

La conciencia sartreana no tiene nada. No tiene contenido. Está totalmente eyectada hacia el mundo como un vómito, como un escupitajo. Existe solamente en el peligro, en la acción entre los hombres y las cosas.

El ser es aquello que es para siempre. Ejemplo: El ser inauténtico quiere ser un ser en sí porque quiere ser algo que corte sus posibles (proyectos) para no enfrentarse con la posibilidad de la muerte. Esa posibilidad siempre está al 100 por ciento.

Ahora bien, ¿somos lo que elegimos ser?

El ser para sí, al estar arrojado al mundo hacia sus proyectos es libre, y si esa libertad se enajena es porque ha existido antes una libertad. Estamos enajenados porque el hombre antes de perder su libertad fue libre.

Jean -Paul Sartre

JEAN -PAUL SARTRE

EL CONCEPTO DE LIBERTAD

¿Qué es la libertad?

La libertad es nada, porque mi conciencia, para darse el ser tiene que ir eligiéndose, tiene que ir comprometiéndose. Sólo eligiendo me voy a elegir. Sólo eligiendo me voy a dar un ser.

Soy una nada arrojada libremente para elegir aquello que voy a ser. Es cierto que cuando llego al mundo ya todo está hecho, me hablan en una lengua materna que llega hacia mí, es cierto que cuando comience a hablar voy a hablar en esa lengua que he recibido. Es cierto que voy a creer que domino una lengua cuando en realidad es la lengua la que me domina a mí.

Pero a pesar de esos condicionamientos llega el momento en que todo hombre debe decir su propia palabra “un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. A partir de cierto momento somos libres, responsables de nuestros actos. Nada de excusas como “yo fui educado así, a mí me enseñaron esto, etc.). Hasta el torturado puede decidir porque decide el momento en que no da más.

Este para sí que es una nada, Sartre lo define como una nihilización en el corazón del ser. Si el ser es el ser en sí una masa gigante pues el hombre es un agujero en la plenitud del ser, una nada que trae al mundo la esencia de la libertad.  

Necesito esa nada para ser libre, pero la libertad está para ser perdida, para comprometerme y luchar para recuperarla. La libertad es el fundamento del ser, ya que el hombre es una nada eyectada hacia sus proyectos. En la medida en que realiza esos proyectos se va realizando a sí mismo, se va eligiendo a sí mismo: Busca su libertad.

En Sartre el concepto de libertad funciona cómo la libertad de la conciencia intencional,  de la conciencia pre-reflexiva. Ese cogito pre-reflexivo que está arrojado sobre el mundo está vacío, no tiene contenido, por lo tanto, es libre de darse el ser en cada acto, en cada compromiso, en cada elección porque su misión es la de intencionar sobre el mundo.

En consecuencia, se va eligiendo a sí mismo hasta que se produce la consistencia del ser. Para Sartre, el fundamento de la alienación es siempre la libertad, hay alienación porque hay libertad del sujeto. En Los caminos de la libertad desarrolla las elecciones de los hombres, su arrojo en el mundo temporalizado, la temporalización y el surgimiento de un mundo con la existencia del hombre. Sin hombres que traen el sentido, la libertad y la temporalidad, no hay mundo.

EXISTIR ES ELEGIR

Para Sartre la existencia precede a la esencia. El hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada para luego darse el ser.

Somos una especie de bastardos ya que no tenemos nada detrás que nos justifique. Ejemplo: Un monarca, un oligarca tiene todo detrás, ya que desciende de fulano o mengano. Esa gente tiene una esencia, pero el hombre común no tiene una esencia porque no tiene un linaje que lo preceda. Llega al mundo existiendo y su ser (su esencia) la va a tener que conquistar él mismo.

A partir de aquí, eligiendo, comenzamos a darnos un ser, a conquistarlo a través de nuestras acciones, es decir a través de la “praxis”. Elegimos y en cada elección elegimos lo que somos o lo que queremos ser.

Somos responsables de cada una de nuestras elecciones porque estas tienen un peso ontológico, tienen el peso de darnos el ser. Porque si algo vamos a ser e aquello que vamos a ir eligiendo a lo largo de nuestra vida. Somos libres de elegir y esa libertad es nuestra responsabilidad.

Si el hombre comienza como una nada, esa nada está abierta a proyectos. Al comenzar a elegir y elegirme comienzo a darle un pasado, un “en sí”. Para Sartre la nada representa la libertad, ya que la misma tiene que partir de una total indeterminación, una nada para elegir si me comprometo con el mundo real.

Si me comprometo elijo, y al elegir me elijo a mí mismo. Cada una de nuestras elecciones tiene un peso ontológico porque en cada una de ellas vamos construyendo nuestro ser, con lo que se demuestra que la existencia precede a la esencia. La esencia la vamos construyendo con nuestra libertad de elegir.

EL SENTIDO DE LA EXISTENCIA

“El hombre está condenado a ser libre”, dice Sartre ya que su lucha siempre será por recuperar la libertad perdida. Esa libertad produce angustia ya que está rodeada de peligros. No es sedentaria ni pacífica; es praxis, es acción y siempre hay que estar intencionando, luchando.

Cuando perdemos nuestra libertad perdemos nuestro ser. Comenzamos a no ser o a hacer lo que hacen de nosotros. “El hombre es lo que hace con lo que hacen de nosotros” es esa falta de libertad que nos quita el poder.

El hombre vino al mundo para darle un sentido a su existencia, por eso la filosofía de Sartre es existencialista. El ejemplo más representativo es el Coeficiente de Adversidad de las Cosas, equiparable a la resiliencia, esta cualidad del ser humano de sobreponerse a las adversidades y de seguir y seguir. Uno de los aportes de Jean-Paul Sartre es este término (CAC)) y se refiere a que todos debemos anteponernos a esta “adversidad”, aunque la de cada quien será completamente distinta, por lo que no hay una fórmula que funcione igual para todos.

En conclusión, para Sartre no hay completud en el hombre porque es una nada trascendente, una nihilización del ser en donde la libertad va estar siempre erosionando la inercia y el dogmatismo que se quiera inocular en esa conciencia.

Alejandro Lamaisón

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *