JUSTICIA TRAMPOSA

Poder judicial a favor de Vicentin

Parcialidad del Poder Judicial

Nada para el pueblo

Nada cambia.

Nunca un centro de la justicia para quienes estamos de este lado.

Cuando hace cuatro años se decidió transferir la riqueza del pueblo argentino a un pequeño grupo de gerentes a través del inhumano aumento del 2.300 % en el precio de los servicios públicos y de los combustibles, los jueces fallaron a favor de las multinacionales. En ese período también hicieron la vista gorda ante las demandas masivas de pérdidas originadas por el apagón del siglo.

Luego vinieron las demandas de los pequeños y medianos productores y las pymes por las distorsivas retenciones impositivas que impuso el gobierno de Cambiemos para eximir de dicho gravamen a los empresarios agroexportadores y mineros. La justicia no los escuchó.

Los expedientes de demandas por la desaparición de un submarino con mas de cuarenta personas mas la muerte de Maldonado y Nahuel, más la explosión de la escuela de Moreno y el gatillo fácil acumulas telarañas en los estantes de los juzgados federales.

Hoy la historia se repite. El juez comercial de Reconquista Fabián Lorenzini falló a favor de que siga el directorio de Vicentin al frente del holding empresarial, a pesar de haber desaparecido misteriosamente el dinero de la venta del 16,7% de las acciones de Renova y a la falta del balance del ejercicio 2019.

A su vez, elevó a la Cámara de Apelaciones los recursos presentados contra su decisión, en la práctica, de revocar la Intervención ordenada por el Poder Ejecutivo por decreto de necesidad y urgencia (DNU). Se sabe que Vicentin no sólo dejó colgado al Banco de la Nación Argentina, sino también al Rabobank y FMO de Holanda, al ING de Tokio, al Credit Agricole de Francia, a la división de préstamos privados del Banco Mundial y al CFI. También está comprobado que se fugó dinero a través de sus filiales y desde allí a cuentas offshore de otras filiales en Uruguay.

La justicia se corre la venda

¿Qué pasa con la justicia argentina?

¿Será que se le cayó la venda y hace trampas?

¿Por qué es tan insignificante el ciudadano cuando hay que decidir entre los derechos de éste y el del poder concentrado del establishment?

Sabemos que en los momentos de crisis la superestructura judicial no es ajena a los cambios que se producen en todas las áreas del estado, pero la lentitud de los tribunales orales, en los que los juicios que incriminan tanto a quienes los impulsan como a los acusados pueden llevar años sin resolverse ya forman parte del folklore judicial.

Los presuntos avances sobre los jueces federales y, posiblemente sobre las justicias provinciales, chocan con el silencio de la Corte, que tuvo una extensa tradición en la defensa de la independencia del Poder Judicial pero que hoy, con Rosenkrantz a la cabeza, mantiene un silencio patibulario.

Una casta superior

Así están dadas las cosas. Estaremos predestinados a depender de los vaivenes de la política y del poder que elige a sus gobernantes, a veces más cerca del pueblo y a veces más lejos, pero con una justicia que raras veces falla a favor de este último.

De lo que sí estamos seguro es que tantos años de tener una casta de sangre azul presidiendo la Suprema Corte nos ha hecho olvidar que una verdadera república se sostiene básicamente cuando impera el espíritu de la justicia en donde todos somos iguales ante la ley y no el de una nobleza judicial que siempre mirará con desprecio cualquier tipo de demanda popular.

Alejandro Lamaisón

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