La deconstrucción se inspira básicamente en el pensamiento de Martin Heidegger, quien en su obra cumbre “Ser y Tiempo” propone una “destrucción” de la metafísica.

DRAGQUEEN, REINAS DE LA DECONSTRUCCIÓN: NO SON HOMBRES QUE SE VISTEN DE MUJERES. SON LOS ACTORES DE UNA CULTURA QUE DESOBEDECE CONVENCIONES PARA RESPETAR LA DIVERSIDAD DE LO PROPIO. 

LA DECONSTRUCCIÓN

DECONSTRUCCIÓN SIN DESTRUCCIÓN

La deconstrucción se inspira básicamente en el pensamiento de Martin Heidegger, quien en su obra cumbre “Ser y Tiempo” propone una “destrucción” de la metafísica.

Posteriormente, Jacques Derrida traduce el término alemán “Destruktion” como “deconstrucción”, para indicar que no se trata de anular o negar la metafísica, sino de desmontar sus estructuras y revelar sus fisuras. En este sentido, Derrida lo usa como desfragmentar, descomponer o desestructurar.

Cuando el filósofo francés explica la palabra deconstrucción demuestra que no es lo mismo deconstruir que destruir.

Destruir es pulverizar, reducir a escombros y eliminar para siempre de la faz de la tierra una realidad, en cambio la deconstrucción es cambiar la perspectiva de lectura, es una forma diferente de releer la realidad sin necesidad del exterminio de otras realidades posibles.

Quien deconstruye, está leyendo la realidad o un hecho de un modo distinto al que se ha leído hasta ahora, dicho en otras palabras, estaría leyendo otra realidad con lecturas que no son las hegemónicas.

La deconstrucción también se inspira en el psicoanálisis de Sigmund Freud, quien introdujo el concepto de “disociación”, para referirse a la división del sujeto entre el consciente y el inconsciente. Derrida aplica esta noción al lenguaje, para mostrar que no hay una correspondencia directa entre las palabras y las cosas, sino que el significado está siempre diferido y desplazado por la cadena de signos lingüísticos.

DECONSTRUCCIÓN DE LO “REAL”

El término deconstrucción es absolutamente nuevo dentro del ámbito de la filosofía y tiene que ver con la manera en que el hombre intenciona, interpreta o proyecta la realidad.

A lo largo de la historia, desde los presocráticos hasta la edad media, los filósofos se basaban en el realismo como elemento fundamental. Para ellos la realidad existía frente a un sujeto pasivo que la contemplaba. El sujeto contemplaba la realidad, teorizaba sobre la realidad y se adecuaba a la realidad.

Para los griegos las cosas son entes que tienen realidad por sí mismas y lo que el sujeto contempla no es tan importante como el objeto en sí mismo. Por ejemplo, un árbol es más importante que el sujeto que lo observa e interpreta, de manera tal que el ente en cuanto tal es una realidad indiscutible.

Epistemológicamente, para los antiguos griegos la lectura de la realidad no importaba demasiado, sino que lo que importaba era la realidad en cuanto tal. El sujeto que la leía era secundario.

En la filosofía medieval también se tendrá en cuenta lo mismo y tenemos que llegar a la modernidad y posmodernidad para cambiar la interpretación de las cosas.

Ya Kant, en la modernidad nos decía que el ente ya no es tan importante en cuanto tal (el árbol), sino que es más importante el sujeto que está observando el ente. Luego Nietzsche nos dice que no existen hechos, sino interpretaciones.

Avanzamos a lo largo de la historia desde una perspectiva realista (la realidad existe en cuanto tal y el sujeto es pasivo) y vamos cambiando gradualmente hacia un sujeto protagonista, y una realidad que terminará directamente sin ser la realidad, sino cómo la lee el sujeto que la interpreta.

Ya en el siglo XX, para Derrida, la lectura es fundamental, es la base de todo. Derrida nos dice que ya no hay hecho, no hay realidad, sino que hay sólo texto, porque la deconstrucción es una forma de lectura, en otras palabras, hay un sujeto que lee la realidad para interpretarla.

Lo que los griegos llamaban realidad es texto que debe ser leído. Ya no importa si hay un en sí de las cosas, lo que importa es la cantidad de sujetos que están leyendo esa realidad y cómo una lectura hegemónica se impone por sobre las demás lecturas.

¿Qué es lo que hace una persona que deconstruye?

Deja de leer con la lectura hegemónica. Deja de leer como lee todo el mundo.

¿Cómo deconstruye?

Cambiando la perspectiva de lectura. No vamos a leer más sobre lo que todos están leyendo sobre un acontecimiento o realidad cualquiera sea, sino que vamos a cambiar la perspectiva de la lectura y vamos a descubrir otra cosa, otro sentido, otro concepto diferente.

Ejemplo: Un libro de Nietzsche lo leo desde otra perspectiva y descubro que quiso decir otra cosa. ¿No será que hemos construido a lo largo de la historia una lectura hegemónica de Nietzsche siendo que hay otras lecturas posibles?

El que deconstruye está cambiando la perspectiva de lectura. Aplicado a cosas concretas de nuestras vidas, puede servir en grado extremo la deconstrucción: Deconstruirnos a nosotros mismos significa dejar de leer las cosas cómo se leyeron siempre.

DECONSTRUCCIÓN DE USOS Y COSTUMBRES

La deconstrucción no es una doctrina ni un método, sino una estrategia crítica que busca mostrar las contradicciones, las ambigüedades y los presupuestos ocultos que subyacen a los discursos filosóficos.

Ejemplo: En la década del 60 una lectura sobre el proyecto de vida de una mujer era que a los 20 debía conseguir novio, sino se quedaría para vestir santos. Tenía que ser madre y cuidar de su esposo cuando volviera del trabajo. Hoy esa lectura parece desagradable y obsoleta.

Lo mismo pasa con el machismo.

Aún hoy, ciertas agencias de publicidad que no se han deconstruído insisten con el modelo binario de la mujer que es feliz planchando y cocinando para su marido.

La deconstrucción es una forma de pensar y analizar los textos, las ideas y las prácticas que han sido dominantes en la historia de la filosofía occidental. En definitiva, como la realidad es texto, implica otra forma de leer la realidad.

Para Derrida, los filósofos se han olvidado que la filosofía se hace a través de la escritura, ya que nada hay fuera del texto. El texto es el mundo.

Hay un logocentrismo, es decir no es la palabra la que ordena todo, sino va a ser la escritura.

La escritura es polisémica, contiene conceptos ambivalentes, etc.

No sólo hay un problema con el logofonocentrismo (hablo, escucho y escribo). Para ordenar el pensamiento hay que saber las fórmulas de la escritura. Los filósofos se han olvidado que el quehacer filosófico no es a través de la palabra, sino a través de la escritura.

Sócrates no escribió nada, por lo que gracias a las copias realizadas por su discípulo Platón, a través de la escritura y los textos podemos conocer su indispensable pensamiento.

Por lo tanto, la deconstrucción es una interpretación filosófica de los textos, es una hermenéutica (el arte de la interpretación) del texto “realidad”.

LA DICTADURA DEL LENGUAJE

El mundo está hecho por lenguaje y no hay nada por fuera del texto. Sería imposible pensar algo sino es a través del lenguaje. Precisamente, éste está atravesado por la gramática y si no se usa dicha regla uno sería inentendible. Es una dictadura que obliga a seguir las reglas de la gramática.

Como el mundo está hecho por la escritura, Derrida sostiene que primero escribimos y luego hablamos. Posteriormente, una vez que aprendimos, enseñamos.

El problema del texto es que para que sea comprensible hay que pensar de manera binaria dado que cada palabra excluye a su contrario. Por ejemplo adentro y afuera, ideas principales y secundarias. Malo bueno, frio caliente, hombre, mujer.

En definitiva, nos encajamos en una jerarquía conceptual dual, por culpa del lenguaje. Ejemplo: El alma y el cuerpo, para la filosofía tradicional estarían separados, pero como realmente es muy difusa, hay que desecharla, perdiendo indagar una tercera opción.

Derrida propone un ejercicio extremadamente difícil: dirá que esta dualidad hay que desecharla y comenzar a leer el mundo de manera no binaria.

Un texto no tiene una sola voz y un libro se compone de múltiples textos que se entraman a la manera de una urdimbre, y a veces hay conceptos que son ambivalentes, polisémicos y no binarios.

En los textos hay suplementos, hay grietas donde se muestran las fricciones entre conceptos, donde se formará ese entramado de ideas, de contextos, de ambivalencias dentro de un texto que permitirá una lectura deconstruída, libre del prejuicio hegemónico.

Deconstruir sería, en definitiva, una forma de leer los textos y las prácticas con una mirada crítica y creativa, que revela sus fisuras y sus márgenes, y que propone otras interpretaciones y otras posibilidades.

DIALÉCTICA DE LA DECONSTRUCCIÓN

La deconstrucción se opone al estructuralismo, que era una corriente dominante en las ciencias humanas en los años 60. El estructuralismo pretendía descubrir las leyes universales que rigen los sistemas lingüísticos, culturales y sociales a través de estructuras.

La deconstrucción afirma que el lenguaje no es un sistema cerrado y homogéneo, sino que está atravesado por tensiones y diferencias que lo hacen inestable e indeterminado. Cuestiona la idea de que hay una realidad objetiva e independiente del lenguaje, y propone que la realidad es una construcción discursiva que depende del contexto y del punto de vista.

La deconstrucción se aplica a diversos campos del saber, como el derecho, la antropología, la historia, la literatura, el arte y la arquitectura. Esta práctica filosófica busca desvelar los presupuestos ideológicos, políticos y éticos que sustentan las prácticas sociales e intelectuales.

También busca abrir espacios para otras voces, otras perspectivas y otras posibilidades que han sido marginadas o excluidas por la tradición filosófica.

En conclusión, la deconstrucción es una forma de resistencia y de creatividad, que invita a pensar lo impensable y a imaginar lo inimaginable, tan necesaria e indispensable como el derecho a soñar un mundo mejor.

Alejandro Lamaisón 

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