LA ESTIGMATIZACIÓN DEL ROL DEL ESTADO

La sociedad políticamente organizada y el Estado como garante del bien común, la democracia que empodera a las masas para elegir un Poder Ejecutivo fuerte, la función social de la propiedad y la idea de justicia social constituyen los principios básicos sobre los que se construye la estructura del peronismo.

LO PEOR QUE LE PUEDE PASAR AL FMI ES QUE UN PAÍS SALDE SU DEUDA, DADO QUE YA NO PODRÁ TENER INJERENCIA EN SUS DECISIONES POLÍTICAS, ECONÓMICAS Y SOCIALES.

LA CULPA ES DEL ESTADO

La sociedad políticamente organizada y el Estado como garante del bien común, la democracia que empodera a las masas para elegir un Poder Ejecutivo fuerte, la función social de la propiedad y la idea de justicia social constituyen los principios básicos sobre los que se construye la estructura del peronismo.

Luego de la muerte de Néstor Kirchner, dichas bases filosóficas han comenzado a desdibujarse y por ende a debilitarse debido al avance del mercado y de los poderes concentrados por sobre el rol del Estado en cuanto a la planificación institucional.

Esta nueva fase del capitalismo global ha logrado, mediante la apropiación de los medios de comunicación y la manipulación de los poderes del Estado (principalmente el Judicial) crear nuevas formas de producción de sentido y desviar la protesta social hacia las propia bases que la sostienen.

La prueba está en que en las PASO la mayoría de los votos fueron en contra del único partido político que podría recomponer la catástrofe económica, política y social dejada por los mismos causantes de la crisis.

Asimismo, quienes fueron protagonistas de la mayor fuga de dinero de la historia argentina, acumulan votos que los llevarán, sin duda, a aumentar sus bancas en el Congreso y quizá a volver a gobernar en el 2023.

Si bien la esencia peronista se encuentra incorporada en el ADN de las clases populares argentinas, al gobierno le resulta difícil romper con el imaginario social creado por el poder mediático y su agenda sesgada, en donde se amplifican los errores del gobierno y se oculta el verdadero interés de las clases dominantes.

En consecuencia, la sociedad se indigna porque les dan un subsidio a los jóvenes que no conocen el mar para que viajen, mientras piensa que es honorable y meritorio pagar al FMI una deuda pornográficamente ilícita.

Pensar que Argentina está en condiciones de pagar semejante deuda externa es una de las tantas ficciones creadas por los medios de comunicación,  como la de culpabilizar a los actuales funcionarios de inoperancia en el manejo del magro presupuesto que dejaron sus antecesores.

Si nos distanciamos un poco de la mentira mediática, la realidad se revela con toda crudeza al comprobar que en 2022 y 2023 el monto total a pagar es de unos 20.000 millones de dólares por año, suma que evidentemente será imposible de cancelar.

Lo que realmente se oculta es que semejante endeudamiento no es más que la simple estrategia del capitalismo transnacional para controlar la economía de los países periféricos y mantener reprimarizadas sus economías, a tal punto que la mayoría tienen su delegado del FMI trabajando en las mismas oficinas de sus respectivos bancos centrales.

UN ESTADO QUE SIEMPRE PAGA

He aquí una de las razones del odio encarnizado de los medios hegemónicos y del establishment con el kirchnerismo, dado que lo peor que le puede pasar al FMI es que un país salde su deuda. Néstor Kirchner lo hizo, y así le fue.

El procedimiento es predecible:

Si gana la derecha liberal en las próximas elecciones, la deuda se pateará para adelante para que una vez terminado con el saqueo interrumpido en 2019, la termine pagando el próximo gobierno progresista que llegará cuando la sociedad se asquee del despojo neoliberal.

Si gana el peronismo, tendremos que pagar cada vencimiento como corresponda, de lo contrario habrá sanciones, los merados se cerrarán, no habrá acceso al crédito internacional, etc. y al gobierno se le hará un pandemonio gobernar bajo tanta presión.

Negar la existencia de las restricciones financieras o apostar al ingenuo voluntarismo político sólo puede poner paños fríos a una hecatombe que recién comienza a mostrar sus consecuencias devastadoras.

Aún le restan dos años al gobierno para hacerse cargo de un problema que no es de él y encima que no tiene solución, pero para las clases populares siempre será menos nocivo que sea el peronismo quien lo administre.

Un problema que no tiene solución deja de ser un problema, pero para el mundo de la política y las finanzas, lamentablemente, la deuda con el FMI continuará siempre siendo un problema.

Y todos los argentinos, sin haber perdido una guerra, bajo condiciones excesivas y arbitrarias, firmaremos un insólito Tratado de Versalles en el que nuestra dignidad nacional quedará sepultada para siempre en los sótanos de la resignación.

Alejandro Lamaisón 

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