UNA EXPERIENCIA DESENCANTADORA

Medios de comunicación

LOS DIFERENTES MUNDOS DE LOS MEDIOS ALTERNATIVOS CONTRA LA UNIDAD DE LOS MEDIOS HEGEMÓNICOS

Hace ya varios años, el director de uno de los diarios más importantes de la provincia de La Pampa hablaba peyorativamente de los llamados “blogueros” dado que no respondían al clásico formato de lo que se considera un medio periodístico.

Si tomamos en cuenta el origen burgués de los medios de comunicación, con su estructura de pequeña empresa, con su personal jerárquico y empleados asalariados, con su sistema de producción, distribución y comercialización similar al de una PyMe, la diferencia es ineluctable.

Pero el contraste más significativo es que el periodista de un diario de tirada regular debe tener un pensamiento acorde a la línea editorial y en algunos casos es el mismo director quien baja línea de acuerdo a sus compromisos políticos e intereses económicos.

Es por ello que a fines de los 60, movimientos post estructuralistas buscaron alternativas a los medios hegemónicos para comunicar las nuevas ideas por fuera del pensamiento dominante, los cuales, dado su origen capitalista, no podían captar los nuevos aires revolucionarios.

Fue así que surgieron los grafittis, las obras de teatro callejeras, las agencias clandestinas de noticias y un sistema panfletario de medios alternativos que durante la segunda mitad del siglo XX puso en jaque al imperio americano.

Como no podía ser de otra manera, el liberalismo económico no podía permitir semejante rebelión intelectual, por lo tanto cortó de raíz la posibilidad de un mundo más equitativo haciendo uso de las fuerzas armadas autóctonas de cada país, eliminando las ideas revolucionarias y a las personas que la profesaban.

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías, el siglo XXI retoma esta alternativa comunicacional intentando recuperar ese espíritu deconstructivo para erradicar definitivamente el pensamiento binario en el que el otro, el diferente, el que no piensa como uno es el enemigo.

Internet y las redes sociales abrieron nuevamente las puertas de la libertad de expresión con una llegada casi planetaria y con un potencial de feed back mil veces superior al de los medios tradicionales, los cuales debieron resignar parte de su poder de formación de sentido.

Por lo tanto, cuando ese director del diario más importante de La Pampa rebaje al bloguero, deberá saber que la gran aventura periodística de expresar solamente lo que uno siente sin la presión de un patrón, espónsor o militancia política tiene la particularidad de que le permitirá la libertad absoluta de pensamiento.

Y será, en definitiva, esa independencia de juicio la que dará la posibilidad de discutir ideas con quienes piensan de manera diferente, de tal manera que surgirán nuevas posibilidades de ver al mundo, o dicho de otra forma, de descubrir mundos diferentes.

Hasta aquí, en teoría, todo funcionaría a la perfección, pero…

Al iniciar este modesto pero dignísimo blog la expectativa original era que se intercambiara opiniones de manera tal que al enfrentar ideas opuestas se produjera una discusión constructiva de la que se pudiera extraer nuevas propuestas superadoras.

En este sentido, cabe reconocer que, como si fuera un triunfo secreto del establishment, eso jamás sucedió.

El que pensaba como el autor de estas líneas reforzó sus ideas y el que pensaba diferente no sólo no argumentó su oposición, sino que solamente las enfrentó a través de la burla y el odio visceral, con epítetos carentes de cualquier tipo de argumentación constructiva.

En conclusión, el resultado de esta experiencia comunicacional demuestra descarnadamente que una vez que los medios de comunicación dominantes, el poder concentrado y la justicia han logrado modelar el sentido común, nada puede cambiarlo, salvo que suceda un hecho tan aberrante que socave la hegemonía instaurada.

Por ende, cuando se intenta avanzar en la inclusión y en el pensamiento no binario descubrimos que las estructuras mentales son tan difíciles de deconstruir que se requiere de la coerción del estado para que leyes mediante se obligue a pensar de manera más abierta, como es el caso de la Ley Micaela.

El peligro está en que si nos acostumbramos a que “somos hijos del rigor” terminemos aceptando como natural que quienes nos gobiernan, leyes y decretos mediante, manejen nuestras vidas con promesas vacuas de un futuro mejor, engañándonos a nosotros mismos.

Y el autoengaño, cálido refugio que nos separa de la crítica estresante y comprometida, terminará transformándose, a la larga, en una fría cárcel de la que jamás podremos escapar.

Alejandro Lamaisón

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