POR CUATRO HORAS LA GRIETA SE CERRÓ

LA GRIETA SE CERRÓ

EL DÍA EN QUE LA GRIETA SE CERRÓ

Las posiciones dialoguistas, moderadas y de sensatez que pueden crear consensos parecerían no prosperar dentro del ámbito propicio para la discusión republicana que es, precisamente el Congreso de la Nación.

La oposición ya anticipó su negativa a tratar en la cámara baja el proyecto de reforma judicial y prefiere debatirlo en el ámbito de los medios de comunicación.

Si nos atenemos a la esencia del proyecto de reforma judicial tan repudiado por la prensa hegemónica y la minoría opositora encontramos que no contiene ningún artículo que se diferencie mucho de lo que Juntos por el Cambio proponían durante su gestión.

El argumento falaz de que se busca la impunidad de Cristina Fernández no existe en ninguno de los artículos que se pretenden modificar y requiere de una imaginación exuberante asociar alguna de las reformas con las causas en contra de la ex presidenta.

Lo que se intentaría lograr con la reforma es apenas una reorganización del fuero federal en la cual no se cambia en esencia ningún artículo del código penal ni del de procedimiento. Lo único que se hace es ampliar los juzgados federales para que no se concentre el poder en Comodoro Py y terminar con la “Mesa Judicial” que durante el gobierno de Cambiemos presionaba a los jueces para direccionar las causas.

A tal punto esta reforma está tan alejada de direccionar la justicia que los periodistas Bonelli y Wiñazki aseguran que hay serios enfrentamientos entre Alberto Fernández y Cristina porque el proyecto de reforma no le da impunidad.

En su intento por desprestigiar al oficialismo, Clarín favorece la validez del proyecto, aunque en realidad la ex vicepresidenta, según sus expresiones, lo que quisiera es una reforma mucho más profunda.

En un momento en donde la pandemia alcanza sus picos más altos de contagio:

¿Es necesario seguir convocando a manifestaciones en contra del gobierno con el riesgo obvio de contagios masivos?

¿Marcharemos en contra  de la inconstitucionalidad de un proyecto que da impunidad a quién?

¿Protestaremos por la falta de democracia frente a una oposición que no quiere discutir en el parlamento?

¿Rechazaremos la falta de libertad de expresión y la dictadura mientras salimos a protestar cuando se nos antoja a sabiendas de la expansión del virus?

¿Existe de verdad una grieta o simplemente respondemos instintivamente a estímulos de fuerzas ajenas nuestros intereses y necesidades?

La profundización de esta división no hace más que ampliar el fenómeno moderno de la antipolítica o el “son todos lo mismo”. De esa manera se beneficia el poder real sin ver afectados sus intereses, mientras el ciudadano pone el cuerpo en las calles.

Ayer, en conmemoración de los cien años de la radio pudo escucharse charlando amigablemente, con Héctor Larrea como moderador, a Víctor Hugo Morales y Jorge Lanata, a Nelson Castro y Eduardo Aliverti, a Magdalena Ruiz Guiñazú y Cynthia García y muchos más animadores y periodistas extremadamente irreconciliables en su manera de ver el mundo.

Entre recuerdos y nostalgias radiales, poco a poco, todos se transformaron en viejos amigos, seres gregarios que se encuentran a recordar con entusiasmo anécdotas del pasado en un bar cualquiera.

Y en sólo cuatro horas de transmisión, con la magia propia de la radio, misteriosamente la grieta se cerró.

En ese momento quedó impúdicamente al descubierto la manera amañada que tienen algunos medios de comunicación para dividir a los argentinos y quedó a la vista su ruin mezquindad.

Y quedó definitivamente demostrado que la grieta no es más que un espectáculo montado por un poder que teme que al final, un gobierno elegido por el pueblo, le saque sus miserables privilegios, adquiridos a través del latrocinio y la expoliación.

Alejandro Lamaisón

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