LA MITAD DEL VASO

En la Argentina de hoy es muy difícil ver el vaso medio lleno. Era previsible que el FMI no reconociera sus responsabilidad en el colosal préstamo realizado a un país cuya situación económica- financiera indicaba anticipadamente su insolvencia para devolver semejante empréstito.

SI NO HAY YA UNA REFORMA JUDICIAL SERÁ MUY DIFÍCIL VER EN LA ARGENTINA EL VASO MEDIO LLENO

EL VASO MEDIO LLENO                          

En la Argentina de hoy es muy difícil ver el vaso medio lleno.

Era previsible que el FMI no reconociera su responsabilidad en el colosal préstamo realizado a un país cuya situación económica- financiera indicaba anticipadamente su insolvencia para devolver semejante empréstito.

También era sabido de antemano que una ciudadanía harta de las restricciones originadas por la pandemia, en las elecciones de medio término se inclinaría más a votar a la oposición, cualquiera fuera su ideología o propuesta.

Incluso, era predecible que con ambas cámaras obstaculizadas por Juntos por el Cambio y una izquierda funcional a la derecha se derribaría cualquier ley, proyecto o resolución del gobierno.

Pero lo que más nos sorprendió a los argentinos fue la total impunidad con que el Poder Judicial continuó co- gobernando desde el momento en que asumió Alberto Fernández, protegiendo los intereses del ex presidente Mauricio Macri y los suyos propios.

Como corolario, un representante del principal medio de comunicación preside la Corte Suprema de Justicia, transformando la vapuleada democracia argentina en una disoluta aristocracia mediático- judicial.

Según Cristina Fernández, el rol que tuvieron los militares en la década del setenta, ahora lo tienen los jueces y la prensa.

El poder concentrado ha mutado en un sistema tan opresivo que, lo que antes hacía a fuerza de itacas o picanas, hoy lo realiza a través de un periodismo que fabrica noticias falsas, siendo los jueces quienes desempeñan el papel de los grupos de tareas.

Estos magistrados que utilizan la Constitución en perjuicio del pueblo, son hijos de un Poder Judicial cuya función siempre ha sido la de limitar el poder popular o de las mayorías.

En tal sentido, el derecho es una falacia que se utiliza para fundamentar las iniquidades de la sociedad; un conjunto de sofismas destinados a fundamentar los privilegios de las clases acomodadas.

En consecuencia, el Poder Judicial tiene más poder que el presidente de la Nación, dado que se autoaudita, se autocontrola, es vitalicio, no pasa por el escrutinio popular y su máxima autoridad -el presidente de la Corte- se puede autovotar.

El desquicie es tan descontrolado que un juez llegó a inventar una figura llamada “derecho penal creativo” para procesar por traición a la patria a una presidenta cuando, según la Constitución, esta resolución requiere que se esté en guerra con otro país. 

EL VASO MEDIO VACÍO

Sin pretender ser pesimista, el vaso parecería perder contenido, al igual que los fallos de nuestro sistema judicial.

Después de estar en la cárcel veintidós meses por  defraudación al Estado en la causa Oil Combustibles, Cristóbal López y Fabián de Souza fueron absueltos, pero su empresa fue liquidada.

Ayer, Papel Prensa fue sustraída a sus dueños a punta de picana y armas de guerra.

Hoy, las empresas de De Souza y López fueron quitadas con las mismas armas mediático- judiciales que se utilizan para golpear al gobierno de Alberto Fernández.

En los 70 iban a buscar de noche a los sospechosos y los sacaban en un Fálcon verde sin patente.

Hoy los sacan en pijama, se los lleva en un patrullero y se los filma para humillarlos.

Cuando Macri, transformado en Hood Robin transfirió la magra riqueza del pueblo argentino a sus amigos empresarios a través de un aumento del 3000 por ciento en las tarifas, los jueces que aplicaron la Constitución a través de amparos fueron echados a patadas en el culo.

Esta impunidad quedó demostrada cuando la Corte Suprema declaró inconstitucional la reforma del Consejo de la Magistratura.

El máximo tribunal sostiene ahora, quince años después de recibir la causa, que la composición no respeta el “equilibrio” de los sectores en el organismo que selecciona, sanciona y remueve magistrados, mientras que Macri la utilizó hasta el hartazgo para sacar y poner jueces según su conveniencia.

Si no hay una reforma judicial que corrija ya el desvío de las normas constitucionales manipuladas por un puñado de jueces, fiscales y camaristas cuyos fallos siempre favorecen al poder real, será muy difícil ver el vaso medio lleno.

Y en cualquier momento, como en la frase de Martin Niemöller, no sólo irán por los kirchneristas y progresistas, sino que probablemente también vendrán por nosotros.

Alejandro Lamaisón

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