LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA PRAXIS

Despertar la conciencia

LA ILUSIÓN DE SER FELICES AUNQUE EL UNIVERSO SE DERRUMBE

UNA NUEVA MODALIDAD 

Las ciencias de la comunicación se han visto desbordadas por un nuevo fenómeno que invade a la mayoría de los países del mundo pero en américa latina es donde se ha enquistado con mayor virulencia. Y no hablamos del Covid 19.

Hablamos de una nueva modalidad que tienen muchos ciudadanos de votar, cuando hay elecciones libres,  en contra de sus propios intereses y necesidades.

No hay duda que el sistema democrático, con sus falencias y virtudes, es la mejor de todas las formas de gobiernos, pero su probidad, como cualquier institución, también sufre los embates de la crisis.

Es aquí cuando aquella parte de la sociedad que aún conserva intacta la experiencia expoliadora de los sucesivos gobiernos liberales de derecha tiene la obligación de actuar.

Dicha acción no implica enfrentar al que piensa distinto con prácticas violentas, sino al contrario mediante el ejercicio de la praxis, es decir, mediante la acción en obras para la comunidad en su totalidad y la argumentación de la palabra para el intelectual díscolo. 

EL CONTEXTO 

La crisis en que se encuentra el sistema capitalista dese la caída del Lehman Brothers hasta la enfermedad del Coronavirus permitió que las distorsiones que produjo el neoliberalismo con su ausencia de control absoluto culminaran en una concentración desproporcionada del capital en manos de empresas monopólicas.

La industria cultural y la de servicios fueron sin duda una de las más beneficiadas, principalmente aquellas que incorporaron tecnologías digitales a procesos, productos y activos para mejorar la eficiencia y la tasa de ganancias

En Argentina, con el amparo de un gobierno de CEOS y un poder judicial amigable el grupo Clarín concentró prácticamente la totalidad de los servicios comunicacionales y por ende, el monopolio de la formación de sentido de prácticamente toda la población.

Con él aceptamos estoicamente transferirles todo lo ganado en años con el esfuerzo de nuestro trabajo a las empresas de servicios para que sus administradores inmediatamente la fugaran al extranjero.

Con ello aceptamos el endeudamiento a cien años sin objetar absolutamente nada.

Esta distorsión de la realidad es precisamente lo que sucede con la democracia cuando  el libremercado concentra no solo el poder económico sino también el político y simbólico, creador de nuevos valores mediante la apropiación del sentido común  y de las expectativas  de las personas en general.

LA ATROFIA DE LA EXPERIENCIA

Todo lo que guarda la memoria colectiva y también la individual sobre los fracasos de los gobiernos liberales paradójicamente queda diluida antes tantas preguntas veladas por la sociedad de la información y  de la tecnología digital.

Desde 1976 hasta la actualidad absolutamente todos los gobiernos llámense liberales, de derecha, neoliberales o privatizadores anti estado siempre aplicaron políticas aniquiladoras de los derechos sociales, de las industrias nacionales y en definitiva de la soberanía nacional. Pero todo se olvida.

Fue la industria cultural la encargada de esmerilar la experiencia de los argentinos de manera tal que no nos permitió determinar en qué lugar de la pirámide social estábamos ubicados y en consecuencia perdimos todo tipo de empatía con el otro.

Se machacó en el odio a una ex presidenta durante casi una década hasta que finalmente se logró un efecto inmunotóxico: Se logró convencer a mucha gente de que si no tiene derecho a vivir mejor ahora al menos sí tiene derecho de que los otros vivan peor.

Inmediatamente una horda desaforada de clase media salió a criticar los planes de empleo,  a los extranjeros que vienen a trabajar y estudiar a nuestro país y a las que se embarazan para cobrar la asignación un por hijo.

EXPIACIÓN DE LA POBREZA

El odio de clase que tanto sindica la grieta viene desde el fondo de la historia y no es sólo propiedad de los argentinos. El oprimido reproduce el discurso del opresor en todo el mundo y hablar de esto ya resulta una obviedad.

Fue el monopolio comunicacional lo que exacerbó la animadversión hacia un chivo expiatorio que en este caso fue Cristina Kirchner.

Lo peor de todo es que lo intenso de esta catástrofe cultural no tiene grandes adversarios a la vista, al punto tal que se realizan campañas electorales exitosas  con programas que hablan de ajuste, de represión, de quitar pensión a discapacitados para eliminar grasa de corrupción, etc. Ya ni siquiera es necesario mentir.

Todo es usado como fusible para mostrar espíritu de expiación.

La industria cultural de los últimos cuatro años, de tinte neoliberal, ha impregnado el imaginario social de una lógica del rendimiento, de la competencia y de proyectos  empresariales como un libro de autoayuda para expiar nuestro fracaso de “no haberlo logrado”. 

DE LA ALIENACIÓN AL SUJETO PARA SÍ

El sujeto está todo el tiempo confrontado a una exigencia frente a la que no le da el piné y con respecto a la cual siempre está endeudado.

Es una gran fábrica de deudores, una convocatoria a la felicidad, a estar todos juntos y felices, para después quedar en falta con respecto a eso mismo.

Y a través de este discurso dominante terminamos adoramos al monje negro de derecha que nos brinda un mundo de fantasía, mientras odiamos a los postergados de siempre, los necesitados que amenazan nuestra prosperidad prometida, pero inalcanzable en la realidad.

El macrismo y Clarín saben que operan sobre una masa acrítica dispuesta a creerles todo.

Quienes no lo estamos, tendremos la responsabilidad ineludible de despertar las conciencias de aquellos compatriotas alienados que, hipnotizados por las promesas del poder, aún miran embelesados los globos amarillos de la felicidad.

Alejandro Lamaisón

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