Esta semana, quienes estarían primero en las encuestas para presidente y vicepresidenta de la Nación defecaron y escupieron sobre dos de las instituciones más valiosas que tenemos no sólo los argentinos, sino también parte del mundo: Las Madres y Abuelas (candidatas al premio Nobel de la paz) y un Papa reformador que incorporó la justicia social a la Iglesia católica.

EL PAPA Y LAS MADRES- ABUELAS: DOS INSTITUCIONES AGRAVIADAS POR EL DISCURSO DESQUICIADO DE "LA LIBERTAD AVANZA"

LAS MADRES Y EL PAPA EN EL MISMO LODO

YO ABORRESCO AL PAPA, VOS A LAS MADRES

Esta semana, quienes estarían primero en las encuestas para presidente y vicepresidenta de la Nación defecaron y escupieron sobre dos de las instituciones más valiosas que tenemos no sólo los argentinos, sino también parte del mundo: Las Madres y Abuelas (candidatas al premio Nobel de la paz) y un Papa reformador que incorporó la justicia social a la Iglesia católica.

El homenaje en la legislatura a los represores y violadores de derechos humanos convocado por Victoria Villaruel constituye una afrenta y una burla a la memoria, la verdad y la justicia de las víctimas del terrorismo de Estado.

La potencial vicepresidenta por La Libertad Avanza profana en esta ceremonia perversa la vida misma, porque agasaja el accionar de personas degeneradas que en campos de concentración violaban niñas, adolescentes y mujeres engrilladas mientras gozaban aplicándoles descargas eléctricas.

Esta legisladora de la Nación acaba de honrar como si fueran mártires a quienes aplicaron la tortura, el asesinato por empalamiento, el robo de bebés y provocaron la desaparición de 30.000 argentinos. 

En tal sentido, esta bravata grosera que surge del principal bastión de la democracia –el Congreso- implica un ultimátum a la única forma de gobierno que nos hace libres y humanos y que únicamente éstos militares asesinos, aviesamente homenajeados, tuvieron el tupé de interrumpir.     

El homenaje en la legislatura a los represores y violadores de derechos humanos convocado por Victoria Villaruel es una ignominia para la sociedad argentina y para un pueblo que ha logrado construir una amplia conciencia colectiva sobre el pasado reciente y que ha condenado judicialmente a los responsables del terrorismo de Estado.

Asimismo, el acto en sí mismo  implica una violación al ordenamiento jurídico nacional e internacional, el cual establece la imprescriptibilidad y la inamnistía de los delitos de lesa humanidad.   

En definitiva, un escupitajo a las generaciones presentes y futuras de todos los argentinos que merecemos  vivir en un país donde se respeten los derechos humanos y se garantice la no repetición de las atrocidades cometidas por una dictadura que avergüenza la condición humana.

LA CULPA LA TIENE EL PAPA

Del mismo modo, las ofensivas palabras de Milei hacia el Papa Francisco son un agravio banal y cobarde a la autoridad moral y espiritual de la Iglesia Católica y a los millones de fieles que siguen su magisterio.

El discurso antipapal del candidato libertario representa una expresión de odio que busca descalificar y difamar al líder religioso que más ha defendido la causa de los pobres, los marginados, los migrantes y los excluidos.

Precisamente, el odio del potencial presidente de todos los argentinos hacia Francisco es que este incorpora la justicia social a la Bula Papal, algo aberrante para el imaginario del estrafalario personaje. 

En este sentido, la propia ignorancia que caracteriza a Milei hace que desconozca la historia, la doctrina y la acción social de la Iglesia, la cual ha contribuido con creces al desarrollo humano, la educación, la cultura y la paz en el mundo.

Esta manifestación de soberbia que pretende imponer una visión egoísta, individualista y materialista de la sociedad, niega la solidaridad, la fraternidad y el bien común que pregona la Iglesia Católica.

Las ofensivas palabras de Milei hacia el Papa Francisco son un insulto a la inteligencia y a la sensibilidad de los argentinos, que reconocen en el Papa a un compatriota ejemplar, que ha llevado el nombre de su país por todo el mundo con humildad, dignidad y sabiduría.

En estos momentos de crisis, los dichos del desquiciado ultraliberal son un obstáculo para el diálogo y el consenso, condiciones tan importantes como necesarias para superar las divisiones y los conflictos que aquejan a la nación.

Si bien la tolerancia tiene buena prensa, existe un límite en el que la tolerancia deja de ser virtud para transformase en sometimiento.

El discurso de Milei y Villaruel ya traspasó ese límite.

Imaginémoslo en el poder.   

Alejandro Lamaisón

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