Pese a que el hombre ha logrado develar y manipulara las 17 partículas elementales de la materia, aún no ha podido desentrañar la molécula que conforma el espíritu humano, ese girón del alma cargado de pulsión de muerte que lo lleva siempre a la autodestrucción.

EN EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD, SEGÚN "2001 UNA ODISEA ESPACIAL", LA CULTURA NACE CON EL DESCUBRIMIENTO DEL ARMA PARA MATAR.

LAS PARTÍCULAS ELEMENTALES

PARTÍCULAS PARA LA GUERRA

Pese a que el hombre ha logrado develar y manipular las 17 partículas elementales de la materia, aún no ha podido desentrañar la molécula que conforma el espíritu humano, ese girón del alma cargado de pulsión de muerte que lo lleva siempre a la autodestrucción.

El cambio climático producto de más de doscientos años de polución industrial- extractivista, el desarrollo de la tecnología digital, el algoritmo cuántico, la inteligencia artificial y el peligro de una guerra global preanuncian malos tiempos para la vida en el viejo planeta azul.

¿Cuánta civilización se necesitará para colocar nuevamente en eje a “una humanidad dolorosa y mezquina, apenas diferente del mono, torturada, contradictoria, individualista y belicosa”?

Si bien el conocimiento científico ha permitido avances en la medicina para extender la vida, también ha progresado notablemente a favor de su exterminio, utilizando todo su ingenio en el desarrollo de armas cada vez más sofisticadas y destructivas.

A sabiendas que un sólo disparo atómico traería aparejado el invierno nuclear y por consiguiente “el fin de los tiempos”, las grandes potencias armamentísticas se han abocado al desarrollo de nuevos artefactos para la guerra, los cuales suelen tener alta capacidad de destrucción, pero sin las consecuencias aterradoras de la bomba atómica.

Las armas basadas en «nuevos principios físicos» son aquellas que utilizan fenómenos físicos no convencionales para producir efectos destructivos o incapacitantes.

Su uso, incorporando tecnologías como los misiles guiados, los drones, los láseres, los robots y los transhumanos, permite aumentar la precisión, la velocidad, el alcance y la letalidad de las armas convencionales, pero también reducen la responsabilidad moral y ética de quienes las usan.

PARTÍCULAS LETALES

Armas de energía dirigida: Son aquellas que emiten haces de partículas electromagnética, como láseres, microondas, infrasonidos o rayos de partículas, para dañar o destruir objetivos a distancia. Estas armas tienen la ventaja de ser muy precisas, rápidas y silenciosas, pero también presentan desafíos técnicos, como la dispersión atmosférica, la generación de potencia y el enfriamiento.

Precisamente, este tipo de armamento estaría diseñado para, a través de energía dirigida, destruir o inutilizar la fuerza viva, los equipos o las instalaciones e infraestructuras fortificadas del enemigo, dado que carecen prácticamente de inercia y, con excepción de las armas infrasónicas, son instantáneas.

Armas electromagnéticas: Son aquellas que generan campos electromagnéticos intensos para afectar a los sistemas electrónicos o eléctricos del enemigo, mediante el uso de partículas radiactivas. Estas armas pueden causar interferencias, daños o apagones en los equipos sensibles, como los radares, las comunicaciones o las redes eléctricas.

Algunos ejemplos de estas armas son las bombas de pulso electromagnético, las armas de radiofrecuencia de alta potencia, las armas electromagnéticas de ultra frecuencia y las basadas en láser, cuyas propiedades destructivas se consiguen mediante el uso de un potente flujo, normalmente pulsado, de radiación óptica electromagnética coherente [presente en algunos tipos de láser], o radiación óptica incoherente [más de inducción magnética].

Armas geofísicas: Son aquellas que aprovechan los procesos naturales de la Tierra, como los terremotos, los volcanes, los tsunamis o el clima, para provocar desastres naturales o alterar el medio ambiente. Estas armas podrían tener un gran impacto estratégico, pero también implican una gran incertidumbre, una baja fiabilidad y una posible violación de los tratados internacionales. Algunos ejemplos de estas armas son las bombas sísmicas, climáticas, de ozono o medioambientales y están definidas en conjunto por el ente militar como «medios de influir deliberadamente en el medioambiente para utilizar las fuerzas de la naturaleza con fines militares».

Estas hipotéticas armas están diseñadas para actuar contra las partículas sólidas, líquidas y gaseosas del planeta y su atmósfera, y pueden incluir el uso de potentes explosivos para provocar terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones y otras catástrofes, así como alterar el tiempo o el clima en determinadas partes del planeta, provocando sequías, inundaciones, tormentas, etc.

Las armas de ozono están diseñadas para crear agujeros en la capa de ozono, causando daños generalizados mediante la radiación ultravioleta procedente del espacio en amplias zonas geográficas.

Por último, las armas medioambientales se clasifican como aquellas diseñadas para atacar bosques, cultivos, agua, aire o recursos del suelo, posiblemente mediante el uso de agentes químicos o biológicos.

Armas radiológicas: Son aquellas que dispersan partículas radiactivas para contaminar un área o una población con radiación ionizante. Estas armas pueden causar efectos a corto y largo plazo en la salud humana y el medio ambiente, como quemaduras, cáncer o mutaciones genéticas. Algunos ejemplos de estas armas son las bombas sucias, las minas radiológicas o las balas radiactivas.

Incluyen armas cuyo efecto destructivo se basa en el uso de sustancias radiactivas capaces de envenenar a la población con radiaciones ionizantes sin que se produzca una explosión nuclear, con materiales que emiten radiaciones obtenidos a partir de los restos de combustible nuclear, o mediante la exposición de elementos químicos a flujos de neutrones.

Estas armas pueden instalarse en el interior de proyectiles, bombas lanzables desde el aire, ojivas de misiles y otras municiones convencionales, y están diseñadas para contaminar el medioambiente durante decenas, si no cientos de años a través de isótopos radiactivos.

Armas genéticas: Son aquellas que utilizan la ingeniería genética para crear agentes biológicos que puedan atacar a un grupo específico de personas basándose en las partículas de su ADN. Estas armas podrían ser muy selectivas y difíciles de detectar, pero también presentan riesgos éticos, legales y morales. Algunos ejemplos de estas armas son las bacterias modificadas genéticamente, los virus sintéticos o los nanobots biológicos.

Se definen como «un tipo de arma capaz de dañar el aparato genético [hereditario] de los seres humanos». Esto se puede lograr mediante el uso de virus con propiedades mutagénicas, así como mutaciones derivadas de fuentes naturales por síntesis química o métodos biotecnológicos, para causar daños o cambios en el ADN.

COLOFÓN

Si estas armas detalladas anteriormente serían utilizadas teóricamente para evitar el exterminio de la humanidad producto de una guerra nuclear, imaginemos lo que sería si a alguna potencia se le ocurriera dar el primer paso.

Aun así, los científicos aseguran que este tipo de armamento prospectivo es considerado especialmente peligroso a la luz de «la imprevisibilidad de las consecuencias» de su uso.

Al respecto, el filósofo Noam Chomsky escribió lo siguiente en The Guardian: “Si algunas especies extraterrestres fueran recopilando la historia del homo sapiens, ellos podrían dividir el calendario: AAN (antes de las armas nucleares) y EAN (la era de las armas nucleares). Esta última era, por supuesto, se abrió el 6 de agosto de 1945, el primer día de la cuenta regresiva para lo que puede ser el final poco glorioso de esta extraña especie, que alcanzó la inteligencia suficiente para descubrir los medios eficaces para destruirse a sí misma”.

Alejandro Lamaisón

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *