NADA ES LO QUE PARECE

EL COLMO DE LO ABSURDO: UNA DICTADURA REPRESENTATIVA, REPUBLICANA Y FEDERAL.

Lo absurdo de la visión política

CUANDO EL ANÁLISIS POLÍTICO DISTORSIONA LA REALIDAD

El politólogo francés Alain Rouquié ha definido al peronismo como una “democracia hegemónica” en la que el poder ejecutivo controla al conjunto de las instituciones políticas.

En este sentido, sostiene que este tipo de gobierno puede ser tanto más democrático que otros porque el líder plebiscitario necesita constantemente del apoyo electoral del pueblo para poder avanzar, pero suele limitar al Poder Judicial y al Poder Legislativo «en nombre de la mayoría».

Esos gobiernos, según Alain Rouquié, son de origen democrático y practican la democracia porque no suprimen el pluralismo, pero adolecen del defecto de controlar de manera autoritaria todos los contrapoderes. Y con el argumento de que son gobiernos reparadores y refundadores, consiguen convencer a la gente de que  no pueden ser reemplazados.

En esta simplificación del peronismo, este magnífico pensador francés peca de una visible incapacidad para comprender lo que representa la “Tercera Posición” como doctrina ya que no es lo mismo comparar a Perón con Menem, ni a Cristina con Alberto Fernández.

El politólogo  pasa por alto que al final, es la doctrina que opera de base de todos los gobiernos a los que él refiere y que, aggiornada al siglo XXI pos-Coronavirus, bien podría sintetizarse en “Todo el Mercado posible, pero con todo el Estado necesario”.

Aun así, después de los gobiernos de corte neoliberal que vivió nuestro país, la frase de Cristina resume cualquier intento de tipificar a lo Max Weber la conformación de un movimiento que nació hace 75 años y que aún perdura en el tiempo: “Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías”.

Este agujero negro que todo lo mezcla y resignifica nos lleva a diciembre de 2015 en el que gobierno REPUBLICANO de Mauricio Macri asume la presidencia y en tan sólo dos meses logra por decreto transferir toda la riqueza de las clases populares a un puñado de Ceos amigos.

Antes de que tuviéramos tiempo para reaccionar al embate expoliador, en un abrir y cerrar de ojos  ya había colocado en la Corte Suprema de Justicia a dos jueces aliados a los grupos concentrados.

Pocos meses después eliminó por decreto los impuestos a las empresas agroexportadoras y las liberó de la obligación de liquidar la producción en un tiempo prudencial, lo que les dio el poder de manejar el precio del dólar acaparando las cosechas a discreción.

Así llegamos a diciembre de 2019 en donde el gobierno POPULISTA Y AUTOCRÁTICO de Alberto Fernández asume la presidencia de una Argentina devastada por dos pandemias: la macrista y la del coronavirus.

Este gobierno, salvo por algunos decretos necesarios para paliar la crisis sanitaria, no ha tomado ninguna medida ejecutiva sin que haya pasado por el Congreso bajo estricto acuerdo parlamentario, delegando con total independencia el ejercicio regulador de los contrapoderes legislativo y judicial.

Alberto Fernández se ha transformado en el paradigma del presidente republicano, respetando a rajatabla todas las instituciones democráticas y constitucionales como pocos presidentes lo han hecho.

Como corolario de esta absurda distorsión de la verdadera democracia republicana, tres protestas masivas de la oposición liderada por Patricia Bullrich, Luis Brandoni y otros representantes de la política y la cultura fueron contundentes en sus reclamos: “Queremos una república y no queremos autoritarismo”, “Contra la infectadura de Alberto Fernández”, “La democracia y la constitución están en peligro “y “no Queremos ser Venezuela”.

Al republicano se lo acusa de dictador y al fascista de liberal, pero nunca se logra apreciar las prioridades que identifican ambas tendencias en las cuales se elige entre la centralidad del ser humano por sobre el capital o su cara opuesta de tinte materialista.

Esta tergiversación de la realidad en la que se pone patas para arriba cualquier tipificación sociológica, es precisamente lo que Alain Rouquié no puede captar de la Tercera Posición del peronismo, ya que este no es un punto equidistante entre la rendición al individualismo destructivo que propone el liberalismo y la sujeción a un estado todo poderoso y paternalista que proclama el comunismo.

Es, como toda herramienta de acción política, la superación de las posturas férreas de ambos extremos con eje en el humanismo.

Y para quienes estamos aún atrapados en ese agujero negro que todo lo pone patas para arriba y nos hace dudar del protagonismo histórico del peronismo y su misión transformador a de la realidad, las palabras de Perón tienen aún total vigencia:

“El Colectivismo se decide por la Comunidad, pero es Materialista. El Liberalismo se decide por el Individuo, pero es también Materialista. El Justicialismo se decide por el Hombre tal como es, armonía de materia y espíritu. Y como ser social, persona humana en la sociedad, con fines propios y fines sociales ineludibles”.

Alejandro Lamaisón

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