«NUNCA MÁS», AUNQUE A VECES SÍ

30 de agosto

"NO ESTÁ MUERTO NI VIVO...ESTÁ DESAPARECIDO". Jorge Rafael Videla

Víctimas directas e indirectas

El 30 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.

Para los argentinos es una fecha extremadamente sensible ya que durante la dictadura cívico-militar, a pesar del negacionismo enquistado en buena parte de la sociedad por efecto de la propaganda mediática, la desaparición de 30.000 personas nos coloca en uno de los primeros puestos a nivel mundial.

Un acto de desaparición forzada afecta a varios tipos de víctimas:

  1. La víctima material cuya desaparición presupone el martirio previo a la muerte.
  2. Las víctimas secundarias, familiares y amigos de la víctima material que deben enfrentar el sufrimiento psicológico de la incertidumbre.
  3. Los mediadores que asisten a la familia de la víctima material (defensores de los derechos humanos, abogados, etc.) que suelen sufrir acosos y amenazas, además de violaciones a su integridad.
  4. La sociedad en su totalidad.

Por lo tanto constituye lisa y llanamente una atroz violación a los derechos humanos.

La desaparición de un ser querido es referida por los familiares, en especial por las madres o tutores como un dolor incesante, una intensa angustia generada por el desconocimiento de su paradero.

El suplicio de la incertidumbre

Es así como surge la incertidumbre de las preguntas sin respuesta: ¿Dónde está?, ¿Qué le pasó?, ¿Por qué le pasó?, ¿Por qué a él, o a ella?, ¿Por qué a mí?, ¿Por qué no lo pude evitar?, ¿Estará vivo o le habrá pasado algo?, ¿regresará?

La tortura mental se multiplica ya que no se tiene un cuerpo  que permita elaborar un duelo, es decir no hay despedida ni real ni simbólica. El dolor se transforma en un duelo patológico, deformado, porque el proceso de aceptación nunca llega para dejar ir al familiar como puede ocurrir en un duelo con rituales de despedida o desprendimiento gradual del familiar.

Las 24 horas de la vida de los dolientes se transforman en una búsqueda constante de respuestas y en la culpa de no ser capaces de encontrarlas.

Son momentos en donde se generan alteraciones en todos los hábitos, las cuales se prolongarán indefinidamente en el tiempo, generando sensaciones de irrealidad absoluta y extrañeza en las relaciones interpersonales.

Democracia con bemoles

En la Argentina, luego del advenimiento de la democracia, la lista de desaparecidos se redujo drásticamente al no haber más terrorismo de estado pero las víctimas de desapariciones forzadas aún continúan enlutando a la sociedad.

Los casos más resonantes son:

Julio López el 18 de septiembre de 2006 tras testificar en contra del asesino-represor Etchecolaz.

Marita Verón el 3 de abril de 2002 en Tucumán tras dirigirse a una consulta médica. Se sospecha que cayó en una red de trata de personas.

Sergio Ávalos el 14 de junio de 2003 cuando salió rumbo al boliche Las Palmas.

Florencia Penacchi a la salida de una clase en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Sofía Herrera desapareció cuando tenía tres años y ocho meses en un camping de Río Grande en Tierra del Fuego.

María Cash en 2011 tras emprender un viaje a Jujuy. Se la vio una vez a través de una cámara de seguridad pero luego desapareció. Su padre murió en un accidente automovilístico cuando la buscaba desesperadamente.

Arshak Karhanyan, un joven de 27 años, oficial primero de la policía de la Ciudad de Buenos Aires, desapareció a mediados de 2019 luego que las cámaras de seguridad lo identificaran en un supermercado.

El femicidio de Andrea López, cometido por el ex boxeador Víctor Purreta la noche del 9 de febrero de 2004. Purreta sigue preso acusado de homicidio, pero el cuerpo de Andrea jamás fue encontrado.

Santiago Maldonado en agosto de 2017 durante una redada de gendarmería, aunque su cuerpo fue encontrado posteriormente con evidencias de una muerte inducida.

Facundo Astudillo Castro de 22 años desapareció el 30 de abril de 2020. La policía lo arrestó por violar la cuarentena y nunca más se lo vio.

En este último caso apareció un cuerpo cuyo ADN para establecer la identidad estarán listos dentro de diez días.

Cabe aclarar que si no fuera por la perseverancia y adrenalina de los familiares de las víctimas, los restos  de Santiago y el probable cuerpo de Facundo  nunca hubiesen sido encontrados ya que hay serias sospechas de que las mismas fuerzas represivas del estado fueron las asesinas.

La decisión de poner en manos de las fuerzas de seguridad la tarea de controlar el cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio a partir del 20 de marzo, multiplicaron las denuncias sobre todo tipo de violencia policial y de otras fuerzas en todo el país, mediante golpizas, torturas, asesinatos y violaciones.

Las consecuencias de estos excesos institucionales  están en los informes y denuncias que se acumulan en las seccionales de varias provincias en las que se reclama también por desapariciones forzadas, la mayoría maquilladas o silenciadas  por las fuerzas policiales de cada región.

Escuchar a los que sufren

Si las madres y abuelas de Plaza de Mayo lograron transformar su inmenso dolor en lucha colectiva al grito vivo del “Nunca Más”, es nuestra obligación no taparnos los oídos y hacer como si nada hubiese pasado.

Ellas, con su experiencia en el sufrimiento de la pérdida y las víctimas que ya no tienen voz, merecen ser escuchadas.

Y son los funcionarios de todos los ministerios de seguridad del país y la “nobleza” judicial los responsables de escuchar las denuncias, investigar y accionar hasta las últimas consecuencias para que el familiar denunciante se sienta contenido y apoyado.

Mientras haya una víctima de desaparición forzada, habrá siempre una madre, un padre o un hermano buscando en su dolor, respuestas por el resto de sus vidas.

Pero es mentira, pues para ellos la vida ya no seguirá más.

Solo pasaran los días.

Alejandro Lamaisón

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