En las calles agobiadas de opaca rutina, el eco de los pasos se mezcla con el ruido y la confusión de las promesas rotas y el pandemonio de la incertidumbre se refleja en los rostros aciagos.

UN NUEVO GOBIERNO HA ABIERTO LAS PUERTAS DEL PANDEMONIO. SUS CONSECUENCIAS, DE MAGNITUDES BÍBLICAS, COMIENZAN A MATERIALIZARSE EN PERDIDAS DE EMPLEOS, CORRUPCIÓN Y MUERTE.

PANDEMONIO

Basado en hechos reales

ORIGEN DEL PANDEMONIO: LAS CARTAS MARCADAS

En las calles agobiadas de opaca rutina, el eco de los pasos se mezcla con el ruido y la confusión de las promesas rotas y el pandemonio de la incertidumbre se refleja en los rostros aciagos.

Las vidrieras de las tiendas lucen carteles de “Se Vende” y “Liquidación por Cierre”, mientras que, en los bares semivacíos, los hombres y mujeres con miradas perdidas ahogan sus penas en vasos de cerveza barata, hablando de tiempos mejores que quizás nunca existieron.

Los funcionarios, mientras engordan sus salarios, hablan de que la crisis la estaría pagando “la casta”, pero sus palabras suenan huecas en los oídos de aquellos que han visto desaparecer sus empleos, sus ahorros, sus sueños. El anarco capitalismo, con su mano depravada, ha jugado sus cartas, repartiendo riquezas en lo alto y dejando migajas para los de abajo.

Las fábricas prontas a cerrar definitivamente se han convertido en monumentos a la desindustrialización, y las familias que una vez vivieron del trabajo honesto ahora se ven obligadas a elegir entre pagar el alquiler o comprar comida.

Los jóvenes, con educaciones que prometían ser la llave a un futuro brillante, asisten perplejos al patético final de la universidad gratuita y a su inevitable destino laboral, tan precario cómo humillante y fugaz.

La devastación económica es solo la superficie; más profundo yace el daño social y político. La confianza en las instituciones se desvanece como el humo de un cigarrillo en una habitación sin ventanas, y el tejido social, desgarrado por la desigualdad y el individualismo, lucha por encontrar un hilo de esperanza.

PANDEMONIO MORTUORIO: CENIZAS EN EL MAR

En este paisaje desolado, la democracia se pudre en las tumbas de la sucia realidad que muchos viven día a día, una realidad en donde la esperanza es un lujo y la supervivencia el pandemonio de un engañoso partido de póker cuyas cartas estarán siempre marcadas a favor del verdugo.

Mientras tanto, los políticos, los sindicalistas y los jueces siguen bailando su danza macabra, girando y girando en un vals sin fin, mientras el pueblo se hunde en el abismo de la miseria planificada.

Sobre la Argentina se avecina un cielo tormentoso, y sus habitantes comienzan a escuchar la música del pandemonio. «La Muerte, severa, los invita a bailar. Van tomados de las manos haciendo una larga cadena y empieza la danza. Delante va la Sombra con su guadaña y su reloj de arena. Ya marcha, todos hacia la oscuridad, en un extraño floreo danzante. Ya marchan huyendo del amanecer, mientras la lluvia lava sus rostros, surcados por la sal de las lágrimas».

María Teresa Troiano nos dejó la semana pasada. El Gobierno le había cortado en diciembre los onerosos medicamentos para el cáncer. Al no poder pagarlos comenzó a debilitarse y a empeorar. La enfermedad se expandió. Su esposo, Eduardo Castaño, reclamó infinidad de veces en el Pandemonio de Capital Humano, pero siempre le dijeron que no había «firma». El martes 16 de abril Eduardo esparció las cenizas de Marité en el mar.

Alejandro Lamaisón

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