SAN MARTÍN Y EL MUNDO DEL REVÉS

San Martín y la Logia Lautaro

EL SARCÓFAGO DEL LIBERTADOR COLOCADO AL REVÉS.

La Logia Lautaro

Todos sabemos que el General San Martín, como muchos revolucionarios hispanoamericanos,  fue un destacado integrante de la Logia Lautaro, organización fundada en 1812 con el objetivo de coordinar acciones para el establecimiento de la independencia de las colonias españolas en América.

Finalizada la guerra con el Paraguay, la masonería comenzó las gestiones para la repatriación de los restos de San Martín. La comisión a cargo de esas tareas pensó colocar el féretro provisoriamente en la Catedral de Buenos Aires, pero las autoridades eclesiásticas plantearon la objeción de los códigos canónicos que prohíben depositar los restos de un masón en un lugar consagrado.

Después de numerosas reuniones y consultas, la iglesia aceptó la construcción de un mausoleo junto a la Catedral, pero fuera del cuadrilátero consagrado, en el terreno del antiguo camposanto.

Algunos historiadores sostienen que se colocó el ataúd hacia abajo, según la premisa de que quienes fallecen fuera del seno de la iglesia van al infierno, ubicado en las entrañas de la tierra.

Y así es que, hasta el día de hoy, se cree que el cuerpo del libertador de tres naciones e hijo del Siglo de las Luces permanece en su eterno descanso cabeza abajo.

San Martín armó el primer ejército regular de América del Sur, con la misma disciplina, rigurosidad y profesionalismo que el de los ejércitos europeos, a imagen y semejanza de las poderosas huestes napoleónicas, pero nunca se creyó un conquistador.

Su reputación como Jefe del Ejército de los Andes no le impidió entablar una estrecha relación con los caudillos, a quienes se negó a combatir en las guerras civiles porque sostenía que “mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas”.

La historiografía fabricada por los golpes militares a partir de 1930 esmerilaron al San Martín que leía “El contrato social” de Rousseau y “El diccionario filosófico” de Voltaire, para convertirlo en una estatua de bronce y en el prócer impoluto de la derecha liberal.

Hacer lo contrario

En pocos años, de un ejército de Granaderos a Caballo que luchaba contra el enemigo extranjero para lograr la independencia de los americanos pasamos a unas fuerzas armadas que bombardeaban civiles en la Plaza de Mayo para entregar el país al capitalismo foráneo.

De un general San Martín que fundaba bibliotecas porque decía que era más importante para la independencia la educación que los ejércitos pasamos a un Videla que quemaba los libros, asesinaba argentinos  y se apropiaba de sus bienes y sus bebés.

Todo lo que nos dejó el “Santo de la Espada” fue pisoteado sistemáticamente por los sucesivos golpes de estado que se perpetraron en contra del pueblo argentino en 1930, 1943, 1955, 1962 y 1976.

Todo su maravilloso legado se reinterpretó y se puso al revés de la misma manera en que se ubicó su féretro en su descanso final.

En una de las tantas reflexiones existencialistas del libertador  encontramos una clara advertencia contra los abusos de las fuerzas armadas:

“Querer contener con la bayoneta el torrente de la libertad, es como pretender esclavizar la naturaleza. El empleo de fuerza armada, siendo incompatible con nuestras instituciones, es el peor enemigo que ellas tienen. La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes ni da armas para que cometa la bajeza  de abusar de estas ventajas, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe (…) afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares. La Patria no es abrigadora de crímenes”.

El secreto del universo

El año pasado tuve la posibilidad de visitar el mausoleo de San Martín durante un recorrido por la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

Apoyado sobre una de sus paredes, de espaldas al relieve de la Batalla de Maipú, un pordiosero torcía su cabeza como queriendo enfocar su mirada en posición invertida.

Al preguntarle si se sentía bien me miró con cierta complicidad y me hizo señas de que me acercara para decirme algo aparentemente revelador.

“Acá está todo el sentido del universo”- dijo con un tono rimbombante.

Para ocultar mi incomodidad por no entender nada, le pregunté si sabía que el cuerpo del Libertador estaba colocado de manera invertida por haber pertenecido a la Logia Lautaro.

El pordiosero me miró con cierta desilusión por no haber captado su frase y me respondió casi con resignación:

“El cuerpo de San Martín no está depositado al revés. Está perfectamente ubicado con la cabeza hacia arriba. Lo que está ubicado patas para arriba es el mundo entero con nosotros adentro”.

Alejandro Lamaisón

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