TAL VEZ SOÑAR

La imagen presenta la grieta entre los argentinos

Foto: Pepe Mateos. Página 12. UN SUEÑO COLECTIVO: EL FIN DEL ODIO

Hoy un sueño se hizo sueño de todos. Aunque parezca mentira, el muro del odio, esa locura construida hace algunos años para dividir a los argentinos en una absurda contienda para favorecer intereses ajenos, podría empezar a caer.

Precisamente, lo que más lo asemeja a un sueño es la paradoja de que se construye sobre la base más materialista de la realidad.

Tras las negociaciones del ministro Guzmán con los tenedores de bonos de la deuda finalmente se llegó a un acuerdo lo suficientemente aceptable para cerrar la negociación: Los pagos de deuda en los próximos cinco años serán de sólo 4500 millones de dólares, cuando el monto original era de 30.200 millones, dependiendo de la combinación de bonos. En este caso la Argentina impuso el principal concepto de la negociación: la sustentabilidad de la deuda, ya que por un papel/bono de 100 dólares de valor nominal los acreedores recibirán otro por apenas arriba de 54 dólares.

Los tres protagonistas (el gobierno de Alberto Fernández, el FMI y los grandes fondos de inversión) querían por diversos motivos cerrar las negociaciones cuanto antes, dado el desastre financiero que dejó Macri. El presidente para poder empezar la reconstrucción post Cambiemos, el FMI para disimular la irresponsabilidad de financiar con un préstamo brutal una gestión absolutamente inconsistente y los bonistas liderados por BlackRock, (cuyo dueño Larry Fink tiene mucha influencia en la administración Trump), para dar por terminado el mal negocio de financiar el más fabuloso ciclo de endeudamiento externo argentino.

La versión sobre el acuerdo comenzó a surgir con fuerza tras la reunión que el presidente Alberto Fernández mantuvo con el titular de Economía, Martín Guzmán, y terminó motorizando una fuerte suba en los mercados y el riesgo país de Argentina, medido por el banco JP Morgan, se contrajo 6,6 por ciento a 2119 puntos básicos.

En este sentido, diversos políticos y economistas de la oposición opinaron al respecto:

Mario Negri celebró el acuerdo alcanzado por el Gobierno con los bonistas y lo consideró «un paso importante para el país».

El senador de Juntos por el Cambio, Esteban Bullrich, lo calificó como «una gran noticia» el acuerdo y definió como positivo el canje de la deuda de US$$ 66.300 millones de títulos emitidos en el extranjero.

También el exministro de Economía Hernán Lacunza opinó que el acuerdo alcanzado por el Gobierno con los acreedores de la deuda pública “es ecuánime y razonable”, y consideró que es un “punto de partida” para normalizar la economía.

Toto Caputo felicitó al ministro Martín Guzmán por lo que calificó como “un gran acuerdo”.

Por último, el expresidente del Banco Central Guido Sandleris sostuvo hoy que el acuerdo de reestructuración de la deuda pública «es una muy buena noticia», y consideró que la propuesta aceptada «es razonable».

Si estos hombres de las finanzas y del poder político, tan alejados a veces del sufrimiento de los que menos tienen, de los “nadies que valen menos que la bala que los mata”, pudieron aunque sea sólo un instante estar de acuerdo en algún punto para sacar el país adelante, entonces hay esperanza.

Según El Principito, “es una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó, renunciar a todos tus sueños porque uno de ellos no se realizó”, por lo tanto todos los argentinos tenemos el derecho y el deber de seguir soñando ese lugar que nos une.

Debemos darnos cuenta de una vez y para siempre que el enemigo no es el otro porque piense distinto o su nivel socioeconómico sea diferente, sino el inmenso lobby proacreedores que tiene a Techint y Clarín como la conducción política de ese poder económico.

Quizá en estos momentos en que la incertidumbre y el desencanto se ha apoderado de un mundo enfermo de coronavirus y escepticismo, el anhelo de que alguna vez todos los argentinos tiremos juntos hacia un mismo lugar no esté tan alejado de la realidad.

Aunque sólo sea un sueño, el vano y huidizo momento fugaz de un sueño colectivo.

Alejandro Lamaisón

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