UN SUEÑO TRANSFORMADO EN PESADILLA

EL SUEÑO FRUSTRADO DE LA HERMANDAD ENTRE PALESTINOS E ISRAELÍES.

El pueblo sufre las consecuencias del conflicto entre Israel y Palestina.

TRAGEDIA Y DOLOR EN LOS FUNERALES DE LAS VÍCTIMAS DE UN CONFLICTO PERPETUO.

Hace tres años, el director de orquesta y pianista argentino Daniel Barenboim declaraba «Hoy me avergüenzo de ser israelí» en una columna de opinión firmada por él mismo en el diario israelí Haaretz, después de que el Parlamento de Israel decidiera declarar al país como el Estado nacional de los judíos. En opinión del músico argentino-israelí la nueva ley es «una clara forma de apartheid que convierte a los árabes en Israel en ciudadanos de segunda».

Asimismo, miles de israelíes de todo el mundo repudian el terrorismo de estado que viene ejerciendo el gobierno de Netanyahu cuya política de segregación se asemeja a la aplicada por Hitler en la Alemania Nazi.

Palestinos con ciudadanía israelí que habitan los barrios de Jerusalén son obligados a desviarse por caminos alternativos para concurrir a sus trabajos o a la escuela y durante las noches, las puertas de sus casas son marcadas con pintura para que al otro día las fuerzas militares israelíes los expulsen de sus viviendas a palos.

Cuando se dice que Israel es el primer país en el mundo que logró vacunar contra el Covid al 100 por ciento de sus habitantes no se tiene en cuenta que a los ciudadanos israelíes- palestinos se les impide acceder a la vacuna mientras se los expulsa brutalmente fuera de su territorio.

Desde el lunes, Gaza es blanco de los bombardeos israelíes y desde la Franja se dispararon más de 2.000 cohetes en dirección a Israel, la mitad de ellos interceptados por el sistema de defensa israelí Cúpula de Hierro.

El último balance de las autoridades palestinas calcula que hubo 145 muertos, entre ellos 39 niños, y 1050 heridos en los bombardeos contra Gaza. En el lado israelí, hay hasta ahora 10 muertos y más de 560 heridos. 

Como siempre, desde 1948 la cancha está inclinada a favor de Israel pues tiene uno de los poderes bélicos más letales del mundo.

Ni la mayoría de los palestinos ni quien escribe esta nota estamos a favor del terrorismo suicida que promulga Hamás, quien actúa motivado más por una ideología que por razones religiosas y cuyo control político sobre la franja de Gaza se asemeja más a las políticas de Netanyahu que a quienes pretenden la liberación del pueblo palestino.

Pero no podemos negar que, aplicando como siempre la ley del Talión, Israel responde a la agresión de una manera exageradamente brutal e inhumana. Tampoco se dice que Hamás fabrica sus propias armas de manera precaria y local, contra Israel que posee el armamento más poderoso del mundo, apoyado encima por las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Hamás actúa como un ejército improvisado para proteger a su pueblo de los abusos del ejército Israelí, que hostiga constantemente a la población árabe, al punto tal que llegó a romper los códigos universales de la religión al entrar en una Mezquita mientras la gente rezaba y arrojar gases lacrimógenos.

Si no fuera por Hamás, el pueblo palestino estaría totalmente desarmado a merced de las cotidianas agresiones, violaciones de derechos y asesinatos por parte del sionismo israelí, incitado por el propio Netanyahu a que realicen linchamientos callejeros.

Ignorar el sionismo enquistado en la clase política que dirige actualmente Israel es demonizar al pueblo judío que en su mayoría es y será, históricamente, el más pacífico del mundo.

Sin embargo, la influencia de Estados Unidos en la ONU y el poder del capitalismo global apoyados por los medios hegemónicos internacionales, en su embestida imperialista, pretenden disfrazar una clara y malévola intención, tan obvia que casi no es percibida: Ocultar y desfigurar el hecho de que el mal llamado conflicto árabe-israelí o, si se quiere, palestino-israelí no es un problema entre razas ni religiones, no es una guerra entre musulmanes y judíos, ni una disputa por territorios, sino una lucha ideológica. Dicho de otra manera: una lucha entre los que piensan y encaminan sus acciones a explotar y dominar al mundo para su provecho, y los que no quieren ni piensan dejarse explotar y dominar.

En conclusión, el gobierno de Netanyahu ha logrado la convergencia entre sionismo y nacional socialismo como ideologías similares en relación a etnicidad y nacionalismo para satisfacer sus aspiraciones políticas de aquí al futuro.

Mientras tanto, las explosiones de los misiles, como un atroz dragón rojo, tiñen de sangre el horizonte de tierra santa, devorándose la vida de aquellas personas que tal vez, en algún momento, tras la batuta de Barenboim, escucharon los bellos adagios de la West- Eastern Divan, un sueño de hermandad entre israelíes y palestinos interrumpido por la pesadilla perpetua del terrorismo y el sionismo.

Alejandro Lamaisón

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