El concepto de utopía fue acuñado por primera vez por Tomás Moro en 1516, a través del cual planteaba la posibilidad de crear un estado justo en la que todos sus habitantes alcanzaran la felicidad gracias a la organización del Estado, la mejor y única forma de gobernar honestamente.

CUANDO LA UTOPÍA PIERDE FUERZA ANTE LOS CAMBIOS EPOCALES, LA DISTOPÍA PASA A SER LA PROTAGONISTA

UTOPÍA

CUANDO LA FELICIDAD ES UNA UTOPÍA

El concepto de utopía fue acuñado por primera vez por Tomás Moro en 1516, a través del cual planteaba la posibilidad de crear un estado justo en la que todos sus habitantes alcanzaran la felicidad gracias a la organización del Estado, la mejor y única forma de gobernar honestamente.

La historia demostró que dicha concepción del mundo no sólo sería imposible, sino que iría en sentido contrario, creando el concepto de distopía.  

Que el fascismo someta  a los ciudadanos a vivir en la opresión totalitaria tiene la lógica del miedo a la violencia del dictador o bien la sumisión irreflexiva perpetrada a través de la estetización de la política, pero que la propia ciudadanía demande ser sometida por sus verdugos a través del voto en elecciones libres, democráticas y transparentes, es una distopía.

En los últimos años, hemos sido testigos de un fenómeno político que ha cobrado relevancia a nivel global: el avance de las derechas, incluyendo movimientos de ultraderecha. Este fenómeno no se limita a una región en particular, sino que se ha manifestado en diversos países, cada uno con sus particularidades y contextos socio-políticos.

Su expansión en lugares claves cómo Europa oriental y occidental, EEUU, Brasil y Argentina es un fenómeno que merece ser estudiado con suma atención en otro capítulo.

LA UTOPÍA SOCIALISTA

Quizá la teoría de que la caía del muro haya producido el fin de la utopía socialista sea un error, ya que, si bien las grandes tradiciones de izquierdas han decaído debido a la transformación y avances de las nuevas tecnologías, hubo en estos últimos años anomalías progresistas.  

La prueba está con el paso de Chávez, Correa, Kirchner o Evo Morales en América Latina en pleno derrumbe bursátil del 2008 y en los avances en la comunicación y el uso del celular como paso previo al mundo digital, modificador ineluctable de las relaciones humanas, hacia afuera y hacia adentro.

Las nuevas tecnologías han producido un cambio antropológico similar al que efectuó el capitalismo durante la revolución industrial, potenciado por una pandemia de alcances épicos.  

La diferencia radica en que con el socialismo se valora la capacidad de poder sobreponerse  a las derrotas, mientras que con el capitalismo sólo se valoran los triunfos.

Hasta el mayo francés, los socialismos estimaban que se podía hacer de la derrota una potencia creativa hacia adelante, porque la historia acompañaba, porque todos los análisis políticos, sociales y económicos tenían una dirección que tarde o temprano se podían realizar.

Dicho de otra manera,  se potenciaba la derrota de manera tal que estas alimentaban la utopía de la revolución (por ejemplo la comuna de parís devenida históricamente en los revolucionarios rusos de 1917).

Desde finales del siglo XX, todo esto se acabó. La izquierda recibió una derrota muy profunda y debió revisar toda su tradición. Cada golpe de la derecha o gobierno democrático de derecha destruía algo que el progresismo nunca lograba recuperar.

En tal sentido, los líderes latinoamericanos progresistas de principios del siglo XXI fueron una anomalía, una utopía que se fue diluyendo junto a una democracia en crisis al ser cooptada por los medios de comunicación masivos y las grandes corporaciones empresariales.

Asimismo, la alianza con un poder judicial corrompido que siempre fue de naturaleza conservadora le dio el vigor necesario a las nuevas derechas para atribuirle al socialismo la causa de todos los males del universo.

LA DISTOPÍA DE SOBREVIVIR

Las nuevas derechas del mundo basan su hegemonía en el uso discrecional de la ignorancia.

La única manera de que sus líderes se mantienen en el poder es ejerciendo un fascismo implícito sobre la educación, haciendo un culto a la ignorancia  y eliminando definitivamente de la ciudadanía el pensamiento crítico.

La atrofia de la experiencia es un concepto creado por la escuela de Frankfurt para explicar la pérdida de sentido y profundidad de la vivencia humana en el contexto de la modernidad y la sociedad de la información.

En este sentido, el saber se ha vuelto cada vez más especializado, más restringido, de manera tal que las personas apenas pueden salir de sus celulares, concentrados en un presente continuo que impide el ejercicio de la memoria.  

Parafraseando al filósofo, los procesos se desarrollarán ahora sin nosotros y la utopía máxima de cambiar el mundo cederá su lugar de privilegio a la distopía mínima de sobrevivir.

Alejandro Lamaisón

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *